Eso me impulsa a mirar constantemente, a intentar aprender de mis errores y de los aciertos de la gente de mi alrededor.
Verano en Málaga, centro de la ciudad. Cientos de turistas que mires donde mires, te rodean.
Una pareja de unos 40 años, pasean cogidos de la mano, cerca sus hijas adolescentes... Dos chicas de ¿quince? ¿dieciséis? años. Ríen, cuchichean entre ellas, se para a mirar a su alrededor aunque las retiene más los escaparates de esas tiendas de la calle Marqués de Larios tan exclusivas. Las niñas son tremendamente guapas, de una belleza exótica y extraña. Piel muy blanca, pelo castaño y muy rizado presentando pequeños tirabuzones. Ojos enormes, oscuros, nariz ancha y unos generosos labios que sonrien constantemente, boca que lanza grititos ante la vista de una camiseta y unas sandalias de un escaparate.
¿Y sus padres? ella nórdica, pelo fino y casi blanco de un largo hasta los hombros, ojos muy azules y piel rojiza por el sol... no muy alta. Él, con sus casi dos metros, agarra a su señora del hombro, le es más fácil por su diferente altura. Su brazo de piel oscura, casi negra, ofrece un extraño contraste en la espalda blancuzca de su esposa.
Me gusta esa familia.
Ojalá fuéramos capaces de aprender que el futuro de la humanidad pasa por ellos, por sentirnos realmente todos iguales.
Etiquetas: recuerdos, reflexiones



También me gusta ver parejas de diferentes razas,y observar que el amor no tiene color.
Quizás poco a poco,no haya diferencias...
Besicos