Es el primer año de la pequeña en el instituto, los primeros días en que todo es nuevo y sorprendente. Nuevo edificio en el que se codea, aunque sea al entrar y salir de clase con personas adultas... o casi... o semi... o un simulacro de adultez futura. En el que ya no es de las mayores, sino de las pequeñas. En el que estudiará nuevas materias, porque las asignaturas se han desdoblado. Con nuevas obligaciones, con profesores totalmente desconocidos a no ser por los comentarios de su hermana que vivió todo esto el curso pasado.
Y aunque ha coincidido en clase con algún compañero de su colegio de primaria, también hay niños y niñas que vienen de otros colegios de la zona, de los que desconoce su personalidad, sus ideas, en definitiva, de que pie cojean para que a ella no la pillen a traspié.
Por ahora todo es nuevo y emocionante, aunque es novata y está con el ojo a la espalda por la ocasional lluvia de huevos que puede llegarle algún día.
Pero como contó a su madre, hay una compañera muy especial en su clase, por la que empieza a sentir una gran admiración. Marimar viene a clase sola, todos los días, como Ithilien, como la gran mayoría de los alumnos que viven relativamente cerca, a sus 12 años. Pero Marimar no usa sus pies para acercarse al insti, sino una silla de ruedas. Tampoco usa sus manos para dirigir esa silla, sino su boca. Marimar no puede mover su cuerpo del cuello para abajo. Pero eso no le ha impedido ser una niña despierta, simpática y dicharachera... no le ha impedido aprender a leer ni escribir... no le ha impedido sacar buenas notas... y no le ha impedido aprender a defenderse de esos desaprensivos que se creen superiores porque te miran desde arriba.
Ithilien admira a su nueva compañera al verla escribir con la boca, al ver manejar esa silla tan grande con su cara, al escuchar lo que responde cuando el listillo de turno se hace el gracioso al comentar que a Marimar solo le sirven los pies para presumir de zapatos nuevos todos los días.
- Te crees que eres mejor que yo porque tu puedes usar tus pies, pero vigila tu espalda, porque cualquier día una silla de ruedas sin control puede atropellarte y te aseguro que esta silla no se cansa tan fácilmente como tus pies.
Nota: y yo admiro a los padres de Marimar, que han sabido inculcarle a su hija el amor al estudio y el orgullo de superación que ha demostrado día a día para llegar a donde está.
Nota adicional: A cada madre/padre le duele su propio hijo, por descontado, pero yo me lo pensaría seriamente cuando escucho a esos madres/padres que culpan a los profesores cuando su niño no es capaz de aprobar una asignatura siendo sus hijos lo bastante inteligentes para memorizar todos los jugadores de los equipos de la 1ª división... para aprender la clasificación mundial de fórmula 1... para saberse los precios de la ropa de marca de la temporada... pero incapaces de escribir una simple carta de amor sin cometer 10 faltas ortográficas en 5 palabras.
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Para Ithilien, que disfrute de este momento, que es muy especial, como tus primeras semanas en la Universidad, o en el trabajo. Porque esas épocas en la que todo es nuevo en la vida de alguien nos ofrecen tantas posibilidades hasta ese momento desconocidas, que una cosa tan simple se puede convertir en toda una aventura. Que aproveche estos días, que luego muchas cosas volverán a parecerle rutinarias.
Por lo demás, quería comentar que tengo una alumna en 2º de ESO que es ciega, y el año pasado sacó todo el curso sin problemas, sin estar exenta de ninguna asignatura (ni dibujo ni educación física, aunque parezca mentira). Lo que prueba, una vez más, que aunque los profesores echemos una manita y estemos más pendientes de estos alumnos, lo primero y principal es que ellos tengan ganas de aprender, que eso no lo podemos hacer nosotros por ellos.