Más o menos la reunión se desarrolla como recuerdo, aunque en esta ocasión son muchos más los padres que acuden... bueno, salvo alguna honrosa excepción, madres, que al parecer los padres(sobre un 5% de los asistentes) a las 7 de la tarde de un día en medio de semana, o están muy cansados de su trabajo diario, o siguen trabajando o no sienten ni curiosidad ni interés por este tipo de reuniones.
Presentación de Director, Jefe de Estudios, Orientadora escolar, Presidente del AMPA,...
Presentación del Instituto, características especiales, aulas, ofertas académicas, horarios,...
Presentación de clases extraescolares, futuras excursiones, escuela de padres,...
Derechos y obligaciones de los alumnos y el profesorado,...
Y normas a cumplir por los alumnos.
En el momento en que una persona se convierte en padre (o madre) empieza a sufrir por ese hijo. A pesar de la felicidad que conlleva su nacimiento, también hay mucho dolor, sobre todo porque sientes cada circunstancia que le ocurre a tu hijo como tuya propia. Sientes sus enfermedades, sientes sus problemas, sientes la incertidumbre por su futuro... A cada padre (y madre) le duele su hijo... aunque parece que hay madres (y padres) que demuestran su amor sufriendo "más" que las demás madres (y padres) en la creencia que así son mejores madres (o padres) que el resto.
- Y lo que jamás permitiré es un alumno que haga daño a otro - afirma tajante el director del centro - me da igual la razón, si es un ataque o una defensa, pero alumno que pegue alumno expulsado.
- ¿Entonces tenemos que permitir que peguen a nuestros hijos sin defenderse? - salta la madre de turno que sufre más que los demás por su hijo.
- En este centro, entre alumnos, profesores y administradores, conviven a diario más de mil personas, así que no permitiré que nadie se salga de las normas y me da igual si tiene razón o no... alumno que pegue, alumno expulsado.
- ¿Entonces tengo que decirle a mi hijo que se deje pegar?
- No he dicho eso...
- Claro que si - interrumpe la madre cada vez más histérica - Ha dicho que si alguien le pega a mi hijo, no tiene que defenderse.
- Hay muchas maneras de defenderse sin tener que golpear. Sobre todo usted debería educarle a no callárselo, a contarlo, a buscar ayuda y no a que devuelva el golpe.
- Pues si eso es lo que enseñan en este instituto...
- Estaré encantado de darle un listado de otros centros a los que llevar a su hijo - interrumpe en esta ocasión el director a la madre "sufridora" - porque yo no voy a consentir ni una sola agresión.
Y en esas terminó la reunión, aunque la madre del hijo indefenso - aclarar que precisamente en el barrio, este hijo en especial es uno de los adolescentes más agresivos y que más peleas lleva en su historial - siguió intentando que otras madres (y padres) le dieran la razón a ella.
Nota aclaratoria: el instituto en cuestión tiene uno de los índices más bajos de agresiones de la ciudad, incluso de la provincia. Estoy por completo de acuerdo con la decisión del director y las normas a cumplir. En un centro en el que estudian 600 adolescentes o consigues que se respeten esas normas o se te suben a la chepa en un tris. En el año que lleva allí estudiando Estel, no ha surgido ningún problema... No entiendo la reacción de esta madre.
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En mi humilde opinión yo creo que el director no contestó convenientemente a la señora, porque si en ese instituto quien utiliza la violencia física es expulsado, si el hijo de la señora es agredido no es que se vaya dejar pegar sino que el castigo del que le agreda será la expulsión no la defensa.
De todas formas yo no sé si seré más sufridora que ninguna otra madre o si querré más o menos que las demás, lo que sí que tengo claro es que nunca dejaré de enseñarle a mi hija que defendernos es un derecho y un deber que tenemos todos en esta vida. Ya me venga cien mil directores, que no me van a garantizar la integridad física y sobre todo psicológica de mi hija por muchas normas que se tenga. También es verdad que otra de las cosas que le he enseñado a mi hija es que en esta sociedad defenderse tiene un castigo y que hay que aceptarlo como parte del aprendizaje social que tenemos en esta vida. La cuestión es que ser un chivato no es bueno ni ético en la sociedad. Y es contradictorio para un adolescente que se le prohíba defenderse y a la vez se le incite a ser un chivato sabiendo perfectamente que eso es peor pecado todavía, no sólo para su entorno escolar entre los de su edad, sino que son los profesores los que luego los desprecian por eso. Así que yo siempre he enseñado a mi hija a defenderse y luego a aceptar los castigos que los profesores pudieran obsequiarle por ello en silencio, por supuesto, sin hablar y sin faltar el respeto a los mayores. Lo curioso del caso es que es verdad que los que nos defendemos nunca podemos llegar a ser conflictivos en un lugar donde nadie nos agrede. Y quien se defiende gana el respeto de sus semejantes y las agresiones acaban. Evidentemente siempre hablando de agresiones que se pueden dar entre chavales, si hablamos de otro tipo de violencia que también se da en el entorno escolar la cosa cambia radicalmente.