Delante de la puerta de entrada de la casa, hay dos enormes árboles, uno de ellos es muy
viejecito y tiene un tronco grande que le gusta rodear una y otra vez... y en el que se ha escondido muchas veces cuando juega al escondite. Si te situas con la casa a la espalda y sigues a la izquierda por la calle, llegas en unos metros a la plaza del pueblo, donde está el ayuntamiento, la iglesia, el estanco, varias tabernas, un kiosko de chucherías y una fuente en el que suelen parar las bestias cuando vuelven del campo y beber agua. Si sigues la calle por la derecha, te encuentras la estación del tranvia y justo detrás, está la casa donde el médico pasa consulta.
Pero lo mejor está a tu espalda... la casa... su casa. Le gusta, le hace sentir segura porque dentro está su madre seguro, preparando la comida.
Entra por la cancela, y estás en un patio delantero, con flores de colores y una pequeña palmera justo en el centro. Los maceteros están adornados con pequeñas piedrecitas redondas, de las que se encuentran en los ríos, que su padre ha colocado formando agrupaciones de colores. Al fondo del patio hay un porche, con una mesa y unas sillas. Es el lugar favorito de su abuelo, le gusta sentarse allí a tomar el fresco en los días de verano y si miras al frente y un poquito a la izquierda, sueles tropezarte con la impresionante vista de
Sierra Nevada. Al porche da un enorme ventanal del salón de la casa y la puerta de entrada principal. Pero a ella le gusta entrar por una puerta lateral que hay justo a la izquierda de la cancela. Esa puerta siempre está abierta, a no ser que sea invierno y haga mucho frío o por la noche.
Al entrar por la puerta lateral, justo a su izquierda está otra puerta, que se dirige al huerto de la casa. Su madre no le suele dejar bajar a no ser que esté ella, porque puede pisar alguna planta y matarla. A la pequeña le da miedo saber que por su culpa una planta pueda morirse... y a su madre le da miedo ver que su hija de sólo tres años baja corriendo esas enormes escaleras. Al fondo del huerto está un establo... su padre le ha prometido que cuando sea un poco mayor le comprará un caballo... pero mientras tanto hay un cerdito viviendo ahí, que se hará grande y dará mucha carne a la familia.
Cuando bajas las escaleras del huerto y debajo de la casa, hay una enorme nave repleta de material de construcción, ahí trabaja su padre, es una tienda de ladrillos, azulejos, cemento,.... Si es muy buena, su padre le deja jugar a construir casas con los ladrillos, pero tiene que tener cuidado, porque los ladrillos se rompen y puede cortarse. Su madre siempre regaña a su padre cuando la pilla jugando con los ladrillos. Y él dice que no sabía que estaba ahí, mientras guiña el ojo a su hija.
A la derecha de la puerta lateral de entrada a la casa, hay un enorme pasillo. La primera puerta que te encuentras, es la habitación del abuelo... está algo separada del resto de las habitaciones, pero el abuelo dice que es la mejor, porque está tranquilo cuando tiene ganas de estarlo y nadie le molesta (la pequeña no sabe que ese nadie se refiere a ella en específico, que es algo revoltosa y charlatana). La ventana de la habitación del abuelo da al huerto.
La siguiente puerta es del cuarto de baño... con una bañera enorme. En el que en cierta ocasión se bañó con un flotador que su abuelo le había comprado, para saber si funcionaba o no.
Después el pasillo se convierte en un enorme recibidor, porque cuando termina, está la puerta principal de entrada a la izquierda. Genial para jugar a la pelota, o pasear con el triciclo.
Izquierda de la puerta de entrada, el comedor, con chimenea y dos enormes ventanales, uno con vistas al porche y otro a la calle lateral. Siguiente puerta, una especie de
salita para visitas, o al menos así la llama su madre, siempre está cerrada y no deja entrar a la pequeña... que se escabulle cuando su madre no la ve, porque le gusta ver ese sofá blanco tan elegante, las paredes pintadas de color lila, y un aparador con platos que están dibujados con flores. Sobre una estantería hay una muñeca vestida de princesa, con collar de perlas, corona con brillantitos y vestido de hilos dorados. No la dejan tocarla pero ha conseguido sacar la promesa a su madre de que podrá jugar con ella el día de su cumpleaños.
Al fondo del recibidor a la izquierda está su dormitorio. Es muy grande y tiene muchas estanterías donde dejar sus muñecas... aunque algunas está un poco rotas, esas como están malitas, reposan en la cama.
Al fondo a la derecha, la habitación de sus padres... tiene unas cortinas en terciopelo verde que a la pequeña le encanta acariciar.
A la derecha, casi a la altura del pasillo la puerta de la cocina. Normalmente comen allí cuando su padre no está y como no llega todavía a la altura de la mesa, su madre suele usar una cacerola como alza sobre la silla... que suele estar muy fría cuando la niña sienta su culito sobre ella.
Le gusta esta casa... es su casa y siempre se ha sentido segura cuando está en ella.
Nota: En ocasiones la nostalgia ataca por el lugar menos esperado. ¿Por qué recuerdo con tanto detalle la casa de mis padres si sólo viví en ella hasta los 4 años?
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