Merci
Son las doce y diez de la mañana, cuando Wendeling recorre el largo paseo del Parque. Tiene una entrevista de trabajo... otra más de las que en los últimos tiempos ha ido acumulando y que no van sirviendo para nada, pero no pierde la esperanza. Quizás en alguna de ellas...

Justo antes de llegar a la altura del ayuntamiento descubre unos extraños paneles muy grandes, conforme se acerca, distingue más cosas, una pequeña carpa de color azul, rieles en el suelo, mesas y sillas simulando una terraza de cualquier bar, cámaras, un foco...

-¡ahí va!

... están rodando una película. Wen da un pequeño rodeo y también observa a unas personas maquillándose. No hablan en castellano, parece algún idioma nórdico.

Llega con tiempo a su entrevista, Wen odia llegar tarde. Durante hora y media le hacen entrevista en grupo, entrevista personal individual y pequeña prueba psicotécnica. Todo perfecto. Aunque después de la última desilusión, no confía mucho en que la llamen.

Es ya las dos y media de la tarde cuando Wendeling sale de su entrevista de trabajo, va con la hora justa para llegar a recoger a sus hijas del colegio... más que corre, vuela por el paseo del Parque hasta la parada del bus. No quiere ilusionarse pero reconoce que la entrevista ha ido muy bien, aunque está el inconveniente del horario que podría ser incompatible con el cuidado de sus hijas por las tardes.

Wen mira el paseo, pero no ve por donde va... cuando de pronto y sin esperarlo tropieza con una silla en medio de la acera. Despierta de su ensueño.

-¿Una silla? ¿qué hace aquí una silla?

La silla se vuelca con estrépito y en eso Wendeling despierta.

- ¡¡La película!!

Alguien se pone a gritar, los que estaban de espaldas a ella se sobresaltan, otro alguien empieza a reir y a Wen le salen los colores.

- Lo siento... lo siento.

Casi no tiene voz por la vergüenza que está pasando. Una de las personas que están detrás de las cámaras se acerca a ella, el gritón sigue a lo suyo: gritando.

- merci... merci...

Mientras señala a Wendeling para que de un pequeño rodeo por fuera de la escena, en la que se ha metido por ir como siempre, con la cabeza en otro lugar distinto al que se encuentra.

Nota: Estel e Ithilien han actualizado sus blogs. Si os apetece, dejadle algún comentario, que a ellas les hace mucha ilusión que las lean. Gracias.

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Wendeling, viernes 31 de marzo de 2006, 23:00 | Enlace permanente | 2 comentarios
Orgullo
Puedo entender que una persona necesite desaparecer después de rota una relación de años. Puedo entender que no quiera trato alguno con personas que conocieron esa relación, ni con los objetos que la rodearon, ni con los lugares que visitaron entre los dos... Puedo entender todo eso.

Pero me niego a entender, que unos niños... su hijos, a los que ha visto nacer, por los que sintió ilusión, que cuidó, cambió pañales, bañó, dio de comer... con los que jugó miles de veces, mimó, educó... les niegue ahora su presencia.

Te he considerado mi amigo durante años y ahora me da rabia comprobar que tu rencor puede sobre el amor de tus hijos... ¡son tus hijos! No los rechaces, no les niegues tu amor, ese amor que le has dado durante estos años. No entiendo como puedes pasar por su lado y ni ofrecerles una caricia o una mirada.

Jamás entenderé como el orgullo puede matar el amor.

Nota: Debo aclarar (me han dicho que mi texto lleva a conclusiones erróneas) que no se trata de mi ex marido. Sino de una persona que siempre he considerado mi amigo, a la que he visto cruzar una calle y desaparecer al tropezarse por casualidad con sus hijos. Y no me ha valido la excusa... que ya me dijo en su día, de que no podía soportar nada que tuviera relación con su ex. No estoy hablando de negar una pensión alimenticia de sus hijos (que esa es otra) sino a rechazar por completo su relación con ellos, cuando hasta hace pocos meses eran "la pasión de su vida".

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Wendeling, jueves 30 de marzo de 2006, 22:54 | Enlace permanente | 2 comentarios
Abres los ojos
Abres los ojos, acabas de despertar y ves una leve luz que pretende entrar por la ventana, a través de la persiana bajada... hueles su olor, estás en su cama y sonríes, pero al alargar tu mano no lo encuentras.

Te llega el olor al café, sigues sonriendo, está en la cocina. Te levantas, acudes al baño y te duchas... sales desnuda, sientes como el pelo mojado te gotea por la espalda y las cosquillas de la gotita al resbalar por la piel... pretendes vestirte pero cambias de dirección y llegas a la cocina, el olor del café te ha llamado.... ¿sólo del café?

Le abrazas de la cintura por su espalda y le besas la nuca, lo sientes estremecer al mordisquearle el lóbulo de la oreja, intenta volverse pero no le dejas, aprovechas tu "superioridad" en ese momento para acariciarle la espalda con tu lengua... al final cedes.

Cara a cara, mirando esos ojos que amas, mojas tus labios, que notas secos, esperando llegar ese beso... cierras los ojos, porque quieres sentir la caricia de sus labios sobre los tuyos, como llegan, como su lengua busca jugar con la tuya... esa electricidad que recorre tu cuerpo al pegarse al suyo,... el olor que te completa el beso... tus manos buscan su piel por debajo de su camiseta, tus dedos dibujan en su espalda, tu cuerpo nota su deseo... y no piensas... sólo deseas, solo sientes, solo amas....

Y olvidas el desayuno.

Y más tarde descubres que has mojado la cama... culpa de un pelo todavía húmedo.

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Wendeling, miércoles 29 de marzo de 2006, 22:41 | Enlace permanente | 1 comentarios
Preguntas difíciles de responder
A. es mi ahijada, cumplió dieciocho años el pasado enero y aunque hace ya diez años que no nos vemos (ella se marchó a vivir con sus abuelos a más de mil kilómetros de mi), siempre hemos tenido un contacto muy cercano, mediante teléfono, carta postal y ultimamente email y messenger.

La confianza y el cariño que existe entre las dos es muy grande, no en vano, vivió los primeros seis años de su vida en mi casa, con mi hermano, mi madre y conmigo (el por entonces mi novio, actuó como padre y encantado porque A. se hacía querer).. años en los que su madre anduvo "desaparecida en combate", en los que no supimos durante meses nada de ella... ocasionalmente aparecía, nos dejaba algo de dinero y algún vestido comprado a la niña y volvía a desaparecer.

Cuando A. contaba con seis años, aparecieron sus abuelos, dispuestos a llevarse a la niña y educarla. No pudimos hacer nada, ellos eran sus parientes más cercanos, nosotros sólo teníamos el cariño y ningún derecho.

En 1997 murió la madre de A. en circunstancias extrañas... tan extrañas como la vida que había vivido.

Y hace un año recibí una carta, con una pregunta muy especial... contesté a su carta, no a su pregunta, desde entonces llevo un año intentando buscar la mejor respuesta... pero la vida es tan complicada que no quiero hacérsela más todavía a una chica, que a sus dieciocho años empieza a vivir... porque ¿cómo le cuentas a una niña que ni siquiera su madre sabía quien era su padre porque en esa época trabajaba como prostituta?

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Wendeling, martes 28 de marzo de 2006, 22:50 | Enlace permanente | 3 comentarios
El cambio de hora
Lunes por la mañana. Wendeling intenta despertar a sus hijas, son las 8:00... pero el cambio de hora está haciendo estragos en las niñas y les cuesta abrir los ojos.

Por fin, Estel se decide a levantarse, se dirige al baño para que su hermana no le quite el turno. Pero como si nada, Ithilien no quiere "despertar"

Minutos más tarde, ante la insistencia de su madre, logra susurrar:

- Mami, es que como no has cambiado el reloj de hora, cada vez que veo que son las siete de la mañana, me da más sueño...

Y Wen tuvo que poner el reloj de la mesilla de noche en hora, para que Ithilien se levantara "sin sueño".

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Wendeling, lunes 27 de marzo de 2006, 22:01 | Enlace permanente | 2 comentarios
Wendeling, el personaje
Cuando Wendeling empezó a escribir este blog, hace ya quince meses, pensó en un título. Realmente no tuvo que imaginar mucho, ella intentaba hacerse con una vida nueva, reinventar su vida. También en un subtítulo: quizás ocurrieron así o quizás son reinventados. ¿El por qué? Porque creyó que los hechos y las reinvenciones, día a día, iban a ser visiones muy personales de ella y tal vez otras personas no estarían de acuerdo.

También buscó un nombre con el que firmar: Wendeling, que ya había usado antes para escribir en otros lugares y por el que muchas personas la conocían... aunque no era su primera reinvención, antes había creado otro nombre con el que se sitió muy identificada durante años: Meliam.

Hasta aquí, bien. ¿Un tema del que escribir? Ya estaba en el título, ella misma: Sus vivencias, sus ilusiones, sus esperanzas, sus desilusiones, sus desesperanzas, la vida vista desde su perspectiva. Siempre dejando claro que era su forma particular de ver el mundo, ni mejor ni peor que la de cualquier otra persona, sino la suya propia, nada más. ¿Qué sus vivencias son cursis, ñoñas, empalagosas? Pues si, porque ella es así. Al hablar de ella misma (¿es eso egocentrismo?) dejó de lado temas que quizás en otras bitácoras estén bien estructurados... pero este blog no es específico ni de política, ni de deportes varios, ni de actualidad, ni irónico, ni de humor, ni técnico, ni pretende ser más técnicamente bien escrito, ni el más leído... es el blog de Wendeling, nada más. Jamás peleé por ser de los más comentados o de los que más visitas recibían (es más, llegué a pedir que mi blog no apareciera en la famosa lista de los más leídos).

Para los que me conocen personalmente, aparte de por el blog, pueden atestiguar que no hay trampa ni cartón. Wendeling es tal cual aparece por aquí... perdón, Wendeling sí es un personaje, porque la autora no se llama Wendeling, al igual que sus hijas no se llaman Estel o Ithilien. Pero Wendeling y la autora de este blog (es decir, yo misma) nos fundimos en un mismo ser.

Resumiendo, Wendeling:

- Es mujer.
- No se llama Wendeling.
- En su DNI aparecen 38 años.
- Es andaluza. Vive en Málaga.
- Separada desde hace dos años.
- Ha tenido tres hijos.
- Sus hijas no se llaman Estel e Ithilien. Pero suelen usar esos nombres para jugar entre ellas.
- Jamás se ha arrepentido de casarse por amor. La vida decidió que no podían seguir viviendo juntos.
- Está actualmente enamorada de un hombre maravilloso.
- Tiene ilusiones por el futuro.
- Es optimista por naturaleza.
- Sus amigos la reconocen como dulce... ella sabe que puede resultar empalagosa.
- Tiene gustos muy variados musicalmente. Jamás desprestigia un estilo musical, sólo hay algunos que la atraen más que otros.
- Usa gafas (aunque muchas veces se esconde tras ellas) para ver mejor.
- Es alta.
- Pesa más de lo que debería (promete seguir el régimen impuesto por su médico... algún día de éstos).
- Tiene unos pequeños problemas de salud. Pero no se agobia por ellos (o lo disimula muy bien), aunque en ocasiones le gustaría mandar a la puñeta su medicación.
- Es lectora voraz de todo lo que cae en sus manos, aunque si es fantasía, ciencia ficción o novela histórica, mejor que mejor.
- Nunca llega a final de mes.
- Adora a sus hijas, no podría vivir sin ellas, a pesar de quejarse constantemente (no la hagáis mucho caso).
- Le encanta el cine.
- Es muy patosa...
- ... porque siempre tiene la cabeza en otro lugar de dónde debería tenerla.
- Tiene mucha imaginación, que suele aplicar a su vida diaria tanto como puede (más de lo que debe).
- Le gusta escribir (otra cosa es que lo haga bien o no).
- Lleva escribiendo un diario desde hace veinticinco años.
- Es gritona, salta con facilidad, pero olvida los enfados en tiempo record.
- Es llorona (muy llorona). Las lágrimas campan a sus anchas a lo más mínimo.

Para el resto, leed su blog y su blog. Es decisión de cada uno si quiere creérselo o no.

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Wendeling, viernes 24 de marzo de 2006, 0:38 | Enlace permanente | 3 comentarios
Aprender a volar
...Ser apenas nada. Volverse loco.

Separarse de sí mismo, o tal vez acercarse al espíritu sin aferrase a la vida. Esa es la esencia de la libertad. Tal vez con un instante bastara, aunque encontrarías que vale la pena vivir así el resto de tus días... y mas allá.

Hay algo al otro lado. Alguien que se acurruca como el feto de un niño que te quiere dentro de una placenta extraña. Siente su calor... su olor. Eso es la vida.

Lo importante, al fin y al cabo es que aprendas a volar. Nada tiene sentido si no se lo das tú. ¡VOLAR!

La responsabilidad es algo que ha perdido todo indicio de solidez. El verdadero significado de esa palabra es atenderse a sí mismo, darle a alma lo que necesita. Ver las cosas como el corazón las percibe.

Venga, tú puedes volar. Sólo un empujoncito...

No hay nadie a tu alrededor, pero tampoco estás solo. El mundo, la realidad fundida contigo mismo han creado una nueva identidad: el feto que siempre ha estado ahí.

Y la gente, al fin y al cabo, también es importante. Es el semillero de las personas. No sabes si existen de verdad. Si son como tú, si aprenderán a volar. Pero algunas te pueden ayudar a hacerlo.
De momento sólo estás tú.

Apóyate en quien quieras si te deja. Puedes aferrarte a ella, porque bien visto, lo más probable es que aferrarse a ella será acercarte al vuelo. Tal vez sea quien te dé el empujón. Tal vez ella sea un ideal, una idea estúpida. Pero será el resorte perfecto.

Todo saldrá bien.

Vuela. Vuela con alguien a tu lado si quieres. Si de verdad la quieres.

Todo saldrá bien.

Nota: estractos de una conversación entre Kyanon y Meliam, un 25 de julio de 2003. Kyanon, finalmente, aprendió a volar. Meliam sonríe al recordarle y espera que en esos cielos que surca ahora la recuerde con el mismo cariño que ella tiene al imaginar su sonrisa cuando vuela.

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Wendeling, jueves 23 de marzo de 2006, 21:49 | Enlace permanente | 2 comentarios
Sólo el amor
Sólo el amor puede liberarnos de todas nuestras ofensas.

Yo amo. ¿Y tú? ¿Te sientes ofendido?

Nota: Creo que la gran mayoría no habeis entendido la frase. Lo más seguro es que no haya sabido expresarme. Si realmente amas, no ofendes a la persona que quieres. Si realmente amas, no insultas, no dañas... si realmente amas, desapareces antes de hacer daño.

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Wendeling, miércoles 22 de marzo de 2006, 22:56 | Enlace permanente | 2 comentarios
Apariencias y realidades
Hay personas que no encuentran la diferencia entre ser y aparentar lo que no eres.

No entiendo que puede ganar una persona al contar que se ha comprado un casa en la playa y que piensa tirarse un verano de puta madre... cuando unas horas después descubres que la casa se la ha comprado su cuñada, no es suya y tampoco podrá usarla, porque su cuñada piensa alquilarla en verano.

¿Provocar mi envidia? Pues que sepa que lo que ha provocado es mi risa, al descubrir que tipo de persona es en realidad.

Es más feliz la persona que es capaz de disfrutar de lo que realmente tiene, que la que necesita aparentar lo que no tiene.

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Wendeling, martes 21 de marzo de 2006, 21:11 | Enlace permanente | 2 comentarios
El problema de mates
El profesor de Ithilien se llama Miguel. Acaba de cumplir sesenta años y después de treinta y cinco años dando clases, ha decidido que éste será su último curso. D. Miguel se jubila.

Su gran experiencia ha sido dando clases a los niños entre doce y catorce años, antes de que desapareciera la EGB. Pero para éste, su último curso, ha decidido bajar la edad y está dando clases a niños de ocho y nueve años.

Como él dice, son sus últimos niños y quiere disfrutar de esa inocencia infantil, antes que se corrompa en la adolescencia. Realmente lo está haciendo. Ithilien cuenta maravillas de su profesor, de lo que se rien con él, de la ilusión en trabajos conjuntos y yo lo estoy notando, por la cantidad de información que Ithilien recibe, acumulando datos para sus próximos cursos... A D. Miguel le cuesta retenerse en sus enseñanzas, han sido muchos años dando clases a niños mayores y estos son más pequeños, pero eso incita a los niños a querer aprender.

D. Miguel es un buen profesor.

Así que hoy no he podido evitar reirme, cuando Ithilien me ha pedido ayuda al hacer sus deberes de matemáticas.

- Mami, es que no entiendo como tengo que hacer este problema.

- A ver, léeme el enunciado Ithilien.

- Es el problema número tres: "Mi hermana tiene un lunar en la espalda y le pica. Ayer cumplió siete años. Yo los cumplo en abril. ¿Cuánto mide mi hermana?"

He soltado la carcajada, ante la cara de asombro de Ithilien.

- No puedes resolver ese problema, hija. Es una broma de tu profe.

- Y entonces que solución le pongo.

- Pues ponle: "D. Miguel, usted es muy simpático y a mi me faltan datos para resolver este problema".

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Wendeling, lunes 20 de marzo de 2006, 21:13 | Enlace permanente | 3 comentarios
Mi sueño
- Wen... Wen...

Me llaman, aunque no me lo creo mucho. Estoy dentro de mi cama y sencillamente sueño.

- Wendeling, despierta. Vamos mujer, que llegamos tarde.

Abro los ojos y lo veo sentado, en el borde de mi cama.

- Oye ¿quién eres? ¿cómo has entrado en mi casa?

- Pues por la ventana.

Estoy soñando seguro.

- Vamos, llegamos tarde.

- Déjame tranquila, estoy soñando y no me apetece levantarme de la cama.

- Pero si vamos a vivir aventuras maravillosas.

- Tú no eres el sueño que yo estoy esperando, por muchas aventuras que me prometas, no quiero vivirlas contigo, sino con él. Quiero su sonrisa, quiero su mirada, quiero su olor, quiero sus manos que me acarician, quiero su cadera contra la mía, quiero sus besos en mi piel, quiero sus conversaciones, quiero sus silencios, quiero sus lágrimas y quiero sus risas.

El chico se levanta de mi cama y diciéndome adios, sale por la ventana, primero un pie, después él otro y sentado sobre el alféizar vuelve su cara.

- Todavía estás a tiempo... ¿te vienes?

- No, mi sueño está a punto de llegar.

- Quizás en otra ocasión...

Y se marcha volando, cual Peter Pan cualquiera.

Despierto, recordando el sueño y no puedo evitar sonreir... esperando a mi sueño y habiendo rechazado a él.

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Wendeling, viernes 17 de marzo de 2006, 23:13 | Enlace permanente | 3 comentarios
¿Por qué no me sorprende?
Estel es una seguidora del anime "el detective Conan" que desde hace unos meses emite Canal Sur. Ithilien también sigue la serie, porque sólo hay un televisor en casa... pero es una impaciente y le fastidia sobremanera que los episodios acaben y dejen la resolución del caso para el día siguiente. Así que es raro en día en que no se queja de los gustos de su hermana intentando convencerla de que juegue con ella durante la emisión. Estel no cae en la tentación, le gusta deducir y acertar quien es el asesino... o al menos intentarlo:

- Estel ¿hacemos el puzzle?

- No, estoy viendo "el detective Conan".

- Pero si es una tontería...

- A mi me gusta.

- Estel... vamos a jugar a disfrazarnos.

- He dicho que no.

- Afffú.

Justo en ese momento, paso por delante con el mantel para poner la mesa.

- Mami... mami

- Dime Ithilien.

- ¿Cuántos habitantes hay en Japón?

- Pues no lo sé exactamente, más de cien millones.

- Más que en España.

- Algunos más, como tres veces más.

- Pues como dure mucho la serie de "el detective Conan" se van a quedar sin habitantes... en cada episodio matan uno o dos y todos en Japón.

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Wendeling, jueves 16 de marzo de 2006, 21:39 | Enlace permanente | 2 comentarios
Educación infantil de mamá
Vaya cara se me ha debido quedar esta tarde, cuando sentada en un banco de la entrada del polideportivo donde entrenan mis hijas, se me acerca una niña de unos siete años de edad, a la que conozco de vista y me suelta un:

- Quítate de ahí estúpida.

Pero supongo que he debido ya no abrir más los ojos, sino terminar con la mandíbula caída, al escuchar la justificación de su madre a tamaño improperio.

- Es que mi Rocio, cuando toma confianza, te habla así.

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Wendeling, miércoles 15 de marzo de 2006, 22:47 | Enlace permanente | 2 comentarios
Zarpazo
A pesar del tiempo pasado, abril no me gusta, sobre todo principios de abril... y se va acercando... tan lentamente como se acerca él.

Intento, de verdad intento, que no se borre la sonrisa de mi cara. Él se merece lo mejor de mi, porque ha sabido encontrarlo y darme esa ilusión por el futuro que creía perdida. Pero el dolor por mi hijo desaparecido, sigue...acurrucado, esperando dar el zarpazo. Y abril está a la vuelta de la esquina.

¡Qué mentirosos los que me dijeron que el tiempo cura el dolor!

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Wendeling, martes 14 de marzo de 2006, 22:08 | Enlace permanente | 3 comentarios
Huevos a la flamenca
Wendeling lleva tres meses trabajando en Marbella. Corre el año 87... un año en el que la autovia de la Costa del Sol está en pleno proceso de... de... "de". Porque pasan los meses y no terminan las obras. Atascos continuos que la obligan darse unos madrugones de escándalo para conseguir llegar a una hora decente al trabajo. Una ruta que puede hacerse en cuarenta y cinco minutos, ha pasado a convertirse en tres horas, en las que al menos aprovecha para devorar esos libros que a ella le gustan atrincherada en los estrechos asientos del bus que cubre la ruta Málaga-Marbella.

Tres meses en los que ha podido ahorrarse un buen pellizquito con las dietas de su sueldo. Tres meses alimentándose con un bocadillo y un refresco (porque comer en Marbella puede suponerle, no ya las mil doscientas pesetas que le dan para comer, sino hasta parte de su sueldo si se le ocurre siquiera mirar una ventana de un restaurante). Tres meses en los que ha conocido a más famosos y gente guapa de los que conocerá el resto de su vida. Tres meses en los que ha aprovechado, las cuatro horas de descanso entre su jornada laboral partida, para lucir sus pecas en la playa. Tres meses en los que ha pasado hasta dieciseis horas diarias fuera de su casa, para poder cubrir las simples siete horas diarias de trabajo, de lunes a sábado.

Wendeling no se queja, está realizando un trabajo que realmente le gusta. Conociendo a unos especímenes humanos, con los que habitualmente no podría relacionarse... por los que muchas personas de su entorno hasta darían dinero para sentirse cerca de ellos y a Wen encima le pagan un buen sueldo.

Pero el verano llega a su fin y el trabajo en Marbella también, para la campaña de invierno la trasladarán a la capital. Así que el último día en la ciudad, con sus compañeras, deciden tirar la casa por la ventana. Ese día piensan comer en el restaurante de "alto standing" que está justo delante, por el que durante tres meses han pasado a diario, haciéndole la boca agua ante los suculentos olores que salían de esa cocina. Es caro, muy caro, pero no les importa... para algo han ahorrado durante tres meses.

Ese último día de trabajo comerán junto a "famosos", "famosillos" y "famosetes" que viven, se reproducen y sobre todo pululan el verano marbellí.

Llega el momento y las seis compañeras se deciden. Se paran delante de la entrada y finalmente es ella la que abre la puerta y pasa en primer lugar.

Segundo obstáculo, un maitre muy estirado les pregunta, mirándolas su uniforme igual y su pequeña insignia de la empresa que representan:

- ¿Las señoritas han realizado reserva?

Todas se quedan cortadas, no habían caído en que necesitarían haber llamado con antelación... todas no... Wen si lo había previsto y había llamado unos días antes.

- Si, somos las chicas de F. Llamé la semana pasada - habla con voz muy bajita, algo cohibida.

- ¿Perdón? ¿decía usted?

- Que si he realizado la reserva. Acaban de llegar las chicas de F. Mesa para seis por favor.

Mira su carpeta, asiente, las mira y el maitre intenta hacer el chiste que llevan escuchando desde hace años y que ya a ninguna les hace gracia:

- ¡Ah! las burbujitas de F. Por aquí por favor.

Sandra está a punto de soltar una barbaridad, pero Bárbara la conoce y le agarra el codo. Allí van, dispuestas a gastarse el sueldo de una semana en una comida con la Jetset.

Justo después de sentarse llegan las miraditas a las personas de alrededor...

- Mira, aquel de allí no es el actor de la serie...

- Sí, creo que si, pero está medio calvo.

- Oye, y la rubia con el pelo en la cara... pero que arrugada se ve. Como se nota que ahora sólo está comiendo y no está de fiesta y no hay fotógrafos cerca.

- Ya estamos... mirad, llega otro pingüino con las cartas.

Tercer obstáculo: ¿Y ahora que pedían sin parecer muy catetas?

Después de dar varias vueltas a la carta, Wen se decide por unos huevos a la flamenca, con eso, agua para beber y un café, quizás no se gaste tanto dinero... Ha estado haciendo cuentas mentalmente y le está doliendo el bolsillo. Allí cobran hasta por la sonrisa del camarero, si es que llega a sonreir.

Al principio, después de pedir, todas guardan silencio. Miran alrededor suyo e intentan descubrir palabras y conversaciones en el murmullo que se escucha dentro del restaurante... pero poco a poco terminan por olvidarse donde están. Empiezan las conversaciones, las anécdotas del verano... al fin y al cabo, es su último día juntas para algunas de ellas, aunque otras seguro que volverán a coincidir en la próxima campaña. Sin darse cuenta, suben su volumen de voz... tanto que cuando les sirven las bebidas, el maitre las mira con los labios apretados y llega a comentar que puede enseñarnos el distinto uso de la más de media docena de cubiertos que tienen ante ellas.

Por fin, antes de que Bárbara vuelva a callarla, Sandra consigue responderle:

- No es necesario, pienso comer con los dedos.

Ante la respuesta, todas se quedan en silencio. Se sienten como niñas de colegio al que el maestro acaba de llamar la atención. Cuando el maitre se marcha, aguantan la risa nerviosa estoicamente y son ellas las que intentan hacer ver a Sandra que el lugar... y el precio... merece un mínimo de comportamiento.

- Pero... pero... ¿es qué no os habéis dado cuenta de la mirada de desprecio que nos ha echado?

- No digas tonterías, somos clientes y vamos a pagar.

Sandra guarda silencio, pero no está muy conforme con el trato despectivo que según ella, están recibiendo.

Llega la comida. Los huevos a la flamenca que todas, al final, habían pedido.

Intentan empezar a comer cuando Sandra vuelve, con su volumen de voz, a interrumpir.

- ¡Camarero! ¡Camarero! ¡Esto no es lo que hemos pedido!

El restaurante, con todos sus comensales, se queda en silencio. Las miran. Wen siente que les están apareciendo colores en su mejillas... justamente el rojo, el más llamativo. Piensa que ya podía ser naranja, o azul... un color más apagadito.

- ¡Sandra! ¡Por favor! Cómete los huevos y guarda silencio.

- ¿Por qué me tengo que callar? Yo no pienso pagar por algo que no he pedido... ¡¡¡CAMARERO!!! ¿Dónde están mis huevos a la flamenca?

Llega el maitre, con pasitos acelerados, hasta la altura de su mesa.

- Perdone señorita. ¿Sucede algo? ¿no está como usted lo ha pedido?

- ¿Qué si sucede? ¿Qué si sucede algo? Pues que en este restaurante de mala muerte me quieren engañar.

Al escuchar esas palabras, todas miran furibundas a Sandra. Wendeling quiere que la tierra se la trague. Vaya vergüenza le está haciendo pasar Sandra y no entiende la razón. Los huevos tienen buena pinta, ella tiene hambre y a pesar de que les cobrarán el sueldo del día y algo más por un huevo en una cazuelita de barro, no le importa tanto como el mal rato que está pasando.

- ¿Engañar? Por favor ¿puede bajar la voz? Disculpeme señorita, pero creo que usted pidió huevos a la flamenca.

- Sí... y ¡esto no son huevos a la flamenca! - mientras señala con su mano la cazuelita de barro.

-¿Perdón? Claro que son huevos a la flamenca.

- No... no... ¡NONONONO! Le estoy diciendo que usted me quiere engañar, esto no son huevos a la flamenca.

Wendeling mira de reojo a los otros clientes del restaurante, todos están en silencio observando la trifulca que tiene Sandra con el pobre señor, que intenta convencerla que eso es lo que ha pedido y que baje la voz, mientras la chica sigue subiendo su volumen.

- Le he dicho que no son huevos a la flamenca y es que no... si lo sabré yo... ¡qué soy andaluza muy señor mío! y esto no son huevos a la flamenca... ¡qué le estoy diciendo que no!

- ¿Y que entiende usted por huevos a la flamenca?

- Pues a ver,... unos huevos a los que les toque las palmas y arranquen a cantar...

Ante la salida de Sandra, sus compañeras no pudieron, ni intentaron siquiera, evitar la carcajada. En breves segundos aquel restaurante se convirtió en un gallinero en que todas reían a carcajada limpia. Se saltaron lágrimas, se arrastraron sillas, se contagió incluso al actor aquel, casi calvo, que protagonizaba una novela en televisión. Finalmente llegó el jefe de cocina, que amablemente las invitó a abandonar su establecimiento.

Al final, ya en la calle, siguieron riendo, sin parar. Aquel día no comieron huevos a la flamenca en restaurante de tres tenedores, ni siquiera un triste bocadillo, sólo un café a última hora, casi despidiéndose unas de otras. Pero ninguna de ellas olvidó la cara que puso aquel pingüino tan estirado cuando Sandra explicó que pedía ella a unos huevos a la flamenca.

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Wendeling, lunes 13 de marzo de 2006, 23:14 | Enlace permanente | 3 comentarios
El mejor momento del día
¿El mejor momento del día?

Aquel en el que te pienso, en el que te huelo, en el que te toco... en el que te siento.

¿El mejor momento del día?

Aquel en el que te sueño, en el que hago el amor contigo, en el que te gimo... en el que te siento.

¿El mejor momento del día?

Aquel en el que te escucho, en el que te lloro, en el que te beso... en el que te siento.

¿El mejor momento del día?

Aquel en el que te leo, en el que te escucho, en el que te veo... en el que te siento.

¿El mejor momento del día?

Aquel en el que te amo... todos... porque son todos los momentos en los que te siento, en los que te amo.

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Wendeling, viernes 10 de marzo de 2006, 21:16 | Enlace permanente | 3 comentarios
Cansancio
El cansancio me ha pillado. Todos tenemos días malos, pero creo que hoy se han puesto de acuerdo todos, toditos, todos... porque me han pillado de lleno.

Hoy huelga de profesores, así que con las niñas, a la oficina.

Y encima, así, casi sin esperarla, viene mi prima de imprevisto... la de rojo... la madre que la parió ¿no podía haber escogido mejor día?

Hacer la comida para tres, sin tener previsto... ni comprado nada... después de aguantar a tres niñas aburridas toda la mañana, metidas en una oficina, intentando calmarlas, después de aguantar cuarenta minutos en una parada de bus a pleno sol, con dos niñas cansadas, ponte a buscar un supermercado abierto, compra y haz la comida, con dos niñas (que ya no eran niñas, se habían convertido en leonas hambrientas) preguntando cada minuto si la comida estaba lista.

Y llega esta hora, con cansancio acumulado de todo el día y me siento plofff... literalmente, sin ganas de levantar las pestañas, solo de meterme acurrucada bajo la sábada de la cama y soñar (eso si que no me lo quita nadie, ni el cansancio).

Dulces sueños a todos.

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Wendeling, jueves 9 de marzo de 2006, 22:31 | Enlace permanente | 2 comentarios
Dos años
Dos años... he tardado dos años en hablar de mi separación sin rencor, sin lágrimas... como un hecho pasado, con algo de lástima por lo que terminó... sin llantos, sin malas maneras, sin malos pensamientos.

Dos años... he tardado dos años en reconocer ante mis conocidos y amigos, que se acabó mi historia con él.

No la oculté, ni disimulé la ruptura, sencillamente seguí mi vida cuando todo acabó. Mi sorpresa ha sido descubrir que entre vecinos y amigos nadie sabía nada... ¿me lo creo? ¿realmente nunca han sospechado que él ya no vive en casa?¿que cada uno intenta reinventarse como mejor puede?

No ha habido peleas públicas, ni gritos, ni llantos, ni acusaciones para los demás. No ha habido prensa del corazón ni venta de exclusivas cara a la galería. Sólo acabó.

Dos años... han pasado dos años.

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Wendeling, miércoles 8 de marzo de 2006, 20:22 | Enlace permanente | 3 comentarios
Soy una quejica
Soy una quejica. Lo reconozco, lo acepto y sigo haciéndolo. Nada, que no hay manera... que si, que ya lo sé, soy una quejica.

Me quejo constantemente de las peleas de mis hijas, de no tener dinero para sentirme tranquila a final de mes (y ya no hablamos de conseguir un medio capricho o salir simplemente a ver una película en el cine). Me quejo de vivir con lo imprescindible, de no tener suficiente ayuda de las personas cercanas. Me quejo de no encontrar un trabajo que medio me haga sentirme bien, de no encontrar un jefe que se digne siquiera de hacerme sentir útil. Me quejo de mis problemas de salud, de no poder comer todo lo que se me antoje, de ir colgada de medicamentos y aparatitos varios que me salten a la mínima con avisos.

Me quejo... me quejo... me quejo.

Pero la verdad, creo que estoy en una de las etapas mejores de mi vida. Tengo dos hijas maravillosas, que me hacen sentir querida. Tengo un techo sobre nosotras. Tengo un cutretrabajo que al menos me obliga a no esconderme bajo la almohada. Tengo a mi lado (a pesar de la distancia) a una persona que me ama. Tengo un futuro y tengo unos sueños que me obligo a disfrutar.

Pero no hay manera... soy una quejica.

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Wendeling, martes 7 de marzo de 2006, 22:46 | Enlace permanente | 3 comentarios
La memoria y los olores
Hay personas que tienen memoria visual. Años después, son capaces de describirte una situación que vivieron, con todos los detalles, desde ropa que llevaban hasta la leve mancha sobre la mesa del restaurante en el que cenaron cuando... Envidiaba esa capacidad en mi época de estudiante.

Hay personas que tienen memoria musical. Con unas pocas notas, te recuerdan el tema completo y la situación que vivieron mientras lo escuchaban. Tengo mal oído, tanto normal (un leve porcentaje de audición perdido) como musical... conclusión, soy un auténtico desastre para recordar temas y mucho peor si se me ocurre cantarlos, mi voz de ratón asustado no sólo provoca una tormenta en segundos, sino que espantan a cualquier bicho viviente que esté a pocos metros a la redonda... que le pregunten a Estel o Ithilien que suelen sufrirlo mientras cocino o hago las tareas de casa.

Hay personas que tienen memoria gustativa. Recuerdan sabores especiales y son capaces de relacionar esos sabores con distintos sentimientos. Me habría encantado disponer de esa memoria en la época en que pensé seriamente en hacerme catadora... pero nada... soy incapaz de relacionar el bouquet de un vino con rosas.

Mi memoria es mucho más especial (o al menos así les parece a las personas que me conocen). Por un casual del destino o de los cromosomas, es olfativa.... conclusión: me pueden los olores. Siempre he sido capaz de distinguir a las personas por su olor, más que por el color de sus ojos o el gesto o la forma de andar, como la mayoría de las personas. Y por esa circunstancia, reconozco que soy capaz de rechazar a una persona... a una buena persona, porque no soporte su olor. Como decía: me pueden los olores. Y reconozco (y me acuso) de haber sido lo bastante superficial como para rechazar al hombre más guapo de la reunión, porque no soportaba su perfume (sin acusar en que fuera un guarrete), mientras aceptaba al chico más rarito porque me hacía cosquillas en la nariz (y no precisamente por las caricias).

Tengo la facilidad de disfrutar de ese tipo de memoria. Cerrar los ojos y recorrer con los olores todo mi tiempo vivido. Pasear por una calle y llegarme el olor de un restaurante que me traslade a bastantes años atrás, cuando cierto día mi madre cocinó esa misma receta... O vivir el olor de nuevo. Soy incapaz de recordar detalles visuales, de saber que ropa llevaba o que música sonaba en el momento en que besé por primera vez a la persona que amo... pero recuerdo su olor. El olor de su pelo, el olor de su cuello al mordisquearle, el olor de... ejemm... de...

Y no necesariamente los "malos olores" tienen aparejados malos recuerdos. El olor del ajo en la cocina me lleva automáticamente a los recuerdos de mi madre, justo cuando al llegar del colegio, me esperaba con la comida en la mesa... ella olía a ajo cuando la abrazaba. El olor de tabaco va irremediablemente unido a mi padre y a mi abuelo. El olor de los geranios, con mi abuela y su pequeño balcón .

Durante el embarazo, las mujeres solemos cambiar nuestros registros sensitivos. Hay mujeres que rechazan algún tipo de comida y otras tienen antojos. Los míos, como no, estaban relacionados con mi nariz y lo que llegaba a ella. Los olores se intensificaron y comidas que me gustaban, empezaron a asquearme, porque olían demasiado. Incluso reconozco la infinita paciencia del padre de mis hijas, al que en días hice ducharse dos o tres veces, una detrás de otra, porque olía demasiado fuerte para mi gusto.

Y por eso, mi comentario sobre el buen olor de HSolo en nuestra pseudoquedada... el bloguero soltero, sin compromiso y que huele genial.

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Wendeling, lunes 6 de marzo de 2006, 21:08 | Enlace permanente | 3 comentarios
Maldad consecuente
Hay días en que sería mejor que uno no se levantara de la cama... porque descubres lo mala, egoista y malvada que eres. Y que todo lo malo que te ocurre es consecuencia de esa circunstancia y de tus malas acciones.

Lo que realmente asusta es comprobar que la persona que te acusa, se cree realmente lo que está diciendo.

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Wendeling, viernes 3 de marzo de 2006, 15:15 | Enlace permanente | 3 comentarios
Miedo en los sueños
A veces se sueña con un amor escondido, por miedo a que te lo quiten. Quieres ocultarlo, que nadie lo sepa, sientes el hormigueo de lo prohibido, de lo oculto, en contradicción de tus ganas de gritarlo a los cuatro vientos.

¿Por qué?

No tengo miedo a hablar de que estoy enamorada. A contar que amo con toda mi alma. ¿Por qué en mi sueño tengo la necesidad de esconder mi amor?

Miedo a mi propia contradicción.

Vivo en un bloque de viviendas y la gran mayoría de mis vecinos desconocen que mi matrimonio se ha roto. No siento la necesidad de ir contándolo a cada esquina. ¿Es eso lo que me influye a vivir mi amor a escondidas en mi sueño?

Mi consciente me dice que no hago mal y no escondo mi amor, paseo por la calle cogida de la mano, con mis hijas al lado. Él entra en mi casa libremente, sin ningún tipo de ocultamiento. No entiendo mi sueño. No tengo que dar explicaciones a nadie de mis actos, salvo a mis hijas y ellas ya lo han recibido.

¿Por qué me despierto sobresaltada sintiendo que si nos descubren todo se acaba?

No sé lo que quiere decirme mi sueño. No entiendo la necesidad de ocultarlo. Sólo sé lo que siento y es que le amo.

Y ahora, con el corazón todavía palpitando, al despertar, por miedo a perderte, grito a los cuatro vientos:

Te quiero.

Ahora nadie podrá decir que lo desconocía. Ahora no tendré miedo a que todos lo sepan. Ahora no volveré a soñar con perderte, porque ahora todos ya lo saben.

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Wendeling, jueves 2 de marzo de 2006, 20:14 | Enlace permanente | 2 comentarios
Un hombre no deja de ser "hombre"
¿Un hombre deja de ser "hombre" si acude con su pareja a la compra?

Sí, los tiempos cambian que es una barbaridad. Hace unos años (por ejemplo, mi padre) no veías a un hombre comprado en el super o en el mercado, con su pareja. Y si no le gustaba el futbol... "vade retro satanás", eras un "pringao" que estaba dominado por su mujer.

¿Un hombre deja de ser "hombre" si da un beso y un abrazo a su hijo?

Pero lo peor de todo era la educación de sus hijos. No intervenían para nada... pero absolutamente nada. Era la madre la que se ocupaba de cuidar y educar a los hijos, sobre todo en su época de bebé o infantil. El padre aparecía como por arte de magia, cuando el niño era adolescente y no para educar, solo para imponer normas a seguir, sin demostrar jamás un atisbo de amor por esos hijos.

Tengo la edad suficiente para recordar la época en que las mujeres tenían que pedir permiso a sus esposos para trabajar. La época en que un hombre, era lo bastante "hombre" para solicitar un préstamo sin contar con su señora esposa.

Y odio que me acusen de feminista. Sólo soy una mujer, que ha visto como en las dos últimas generaciones los hombres han ido aceptando que no son los amos y señores, que la mitad de la humanidad está ahí, para avanzar las dos mitades juntas (y aquí no estoy hablando de tendencias sexuales de hombre y/o mujeres). Aunque el hombre no ha dejado de ser hombre, porque todavía ves acciones y frases que demuestran que no podemos quedarnos quietas, porque hemos sido nosotras, las mujeres, las que hemos peleado por conseguir demostrar que somos iguales.

¿Un hombre deja de ser "hombre" si apoya a una mujer?

Ahí queda eso. Sé perfectamente como van a ser vuestros comentarios. Tengo la edad suficiente como para haber vivido muchas historias en que me "demostraban" que yo era inferior y necesitaba de la protección masculina. En que han discriminado mi educación y las facilidades para poder elegir el camino que yo quería. Tengo la edad suficiente como para enseñar a más de uno, que a pesar de ser mujer, no soy inferior ni diferente. Ahora, por favor, no uséis los comentarios para sentiros mejor, actuad... actuad... actuad.

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Wendeling, miércoles 1 de marzo de 2006, 21:12 | Enlace permanente | 4 comentarios