Siempre he escuchado la expresión: "si no lo veo no lo creo"... o "sólo lo creeré si lo veo". ¿Pero que ocurre cuando lo ves y realmentes no sabes que estás viendo?
Esta tarde tenía cita con mi dietista y esperando que llegara, oí una voz que me resultó conocida. Era de N. compañera de Ithilien, comparten clase desde la guardería, llevan juntas seis cursos y siempre han sido amigas. N. es inteligente y buena amiga, jamás se le ha escuchado tener un problema con algún compañero.
Y allí está, sentada a mi lado, acompañada de una persona a la que no conozco pero que parece cercana a ella, hablan y la niña ríe.
- Hola N.
- Hola - sonríe al saludarme y sigue la conversación que llevaba con la otra persona.
En eso aparece por el pasillo el padre de N., a él si lo conozco de coincidir decenas de veces al llevar y recoger las niñas del colegio. Voy a saludarlo pero él no me ve... no ve nada, sólo a la niña, me quedo con la palabra en la boca.
- N. ¿qué estás malita?
La niña corta de golpe la risa, agacha la cabeza, se pone muy muy seria y se esconde detrás de la persona que la acompaña. No contesta.
Me sorprendo mucho, aquí ocurre algo, aunque quizás sea un simple enfado infantil.
- Déjala. Deja a tu hija en paz - le dice la chica.
- Sólo quiero hablar con ella, darle un beso. Dame un besito cariño.
N. se levanta y con ella la otra mujer, se esconde detrás y sigue con su cabeza gacha, no mira a su padre, que intenta alcanzarla con una mano, la niña respinga al sentir el contacto del padre.
- He dicho que dejes a tu hija en paz.
- No eres nadie para impedir que le de un beso y un abrazo a mi hija. La quiero.
- Tanto la quieres y no has sido capaz de aparecer ni un solo día en el hospital cuando la operaron.
- Tú no sabes nada.
Sigue una especie de juego del escondite, el padre intenta hablar con la niña, ella no levanta ni una vez la cabeza y sigue dando vueltas detrás de la mujer, cada vez que él intenta acercarse más.
- ¿Pero quieres dejarla tranquila de una vez? Hasta que el juez dicte sentencia, olvida a tu hija. No existe.
- Es mi hija y la quiero.
- Ya se nota, si tanto la quieres, dale a su madre más de los míseros 200 euros que le pasas todos los meses.
Al final, viendo que no consigue ni una mirada de su hija, se marcha, pero justo al final del pasillo se vuelve, una última frase:
- Te quiero N. eres mi niña y te prometo que voy a pelear por ti... nadie va a conseguir que deje de quererte. Te quiero mi vida.
Cuando se marcha, empieza la mujer a hablarle a la pequeña:
- Seguro que nos ha seguido, no te sorprenda que cuando salgamos, esté fuera esperándonos para darnos la lata de nuevo. Ni se te ocurra hablarle, que sufra... qué se habrá creído, menudo imbécil.
La niña asiente. Pocos minutos después vuelve a sonreir al contar una anécdota del colegio... aquí no ha pasado nada.
No sé quien es esa mujer que acompaña a N., no sé que relación la une a ella, pero si he sentido el odio que tiene al padre de la niña. Y también he sentido como la ha manipulado. N. tiene la edad de mi hija y sé lo fácilmente que se puede hacer... y esa mujer, delante de todos, lo ha hecho.
He sentido el dolor de ese padre por no conseguir ni una sonrisa, ni una mirada, ni un beso de su hija.
Y sigo en mi firme creencia, jamás me comportaré así con el padre de mis hijas... haya pasado lo que haya entre nosotros, pero es su padre y nunca hablaré mal de él delante de ellas. Me niego a ese comportamiento y me duele sentirlo delante de mí.
Pero reconozco que realmente, no sé lo que he visto... pueden ser tantas cosas...
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