No soy una mujer vengativa, nunca he sido del "ojo por ojo..." y cuando mi
madrina me preguntó el porqué seguía comportándome con mi abuelo y con mis tíos como si no hubiera pasado nada, la única respuesta que pude darle fue... que no tenía respuesta, seguían siendo mis tíos y mi abuelo, a pesar de todo y mi abuelo era lo bastante mayor (cumplirá los 100 años en un par de años más) como para morirse en cualquier momento y no quería el cargo de conciencia de que a pesar de
todo lo que hizo cuando era niña iba a terminar enfadada y sin dirigirle la palabra. Al fin y al cabo todo se reducía a dinero y para mi siempre primará el amor (si, lo reconozco, soy así de rara, a aguantarse tocan).
Pero estoy empezando la historia por el final. Un momento que le doy la vuelta.
Mi abuelo siempre ha sido el típico padre de familia de la España rural. Él dirigía a su familia a la manera de ordeno y mando, tomaba sus decisiones y todos estaban obligados a seguirle. Esa era la educación que recibían los hombres entonces y esa fue la educación que cedió a sus hijos. Había que guardarle el respeto debido por ser el pater familia, así que nunca (y nunca es nunca) se equivocaba y mucho menos, admitía su error, porque eso hubiera supuesto que era humano ¿no?
Consiguió sacar a su familia adelante, a pesar de una guerra y una postguerra en las que perdió todos sus ahorros y sus humildes posesiones. Consiguió que su familia no pasara excesiva hambre y tuviera una casa en la que resguardarse. Consiguió transmitirles el orgullo de ser lo que eran, a sus hijos y me educó a mi. Me quiso, me mimó, consiguió que fuera una niña caprichosa y orgullosa de mi familia (incluido
el fantasma que habitaba la casa y a
la mula Blanquita).
Todo este largo preámbulo es para hacer ver como es mi abuelo, no pretendo justificar lo que hizo, porque en el fondo, no tiene justificación.
Cuando mi padre murió, mi abuelo se sintió en la obligación de cuidar de nosotros, de su viuda y sus dos nietos. Tomo su decisión y nos "invitó" a vivir con ellos, en el pueblo. Allí había una casa grande (que compartiríamos con mis abuelos) y no nos faltaría nada. Mi madre habló con sus hijos, les comentó la propuesta de su suegro y nosotros (o al menos yo) lo pensamos bien... pros, la tranquilidad de saber que no nos faltaría nada y la protección de la familia... contras, el volver a vivir en un pueblo pequeño, sin grandes horizontes (más bien ninguno), sin la posibilidad de seguir estudiando ni encontrar un trabajo adecuado a nuestros gustos. También pensé en mi madre, era viuda y ser viuda en el pueblo significaba encerrarse en vida, vivir siempre en casa, nada de salidas, siempre vestida de negro y llorando a ese esposo muerto. Y yo conocía a mi madre, hacerle eso era matarla.
Al final decidimos quedarnos en la ciudad... Y se lo dijimos a nuestro abuelo.
Para él, eso fue una afrenta, fue hacerle ver que se había equivocado, que esa opción que él había "escogido" por nosotros no era la adecuada. Para él, fue perderle el respeto que le debíamos. Culpó a mi madre de conseguir que "perdiera" no sólo a su hijo, sino también a sus nietos.
Mi hermano y yo "dejamos" de ser sus nietos, dejamos de pertenecer a su familia y la familia nos olvidó. Como si nunca hubiéramos existido.
Mi abuelo jamás ha vuelto a dirigirle la palabra a mi madre. Con el tiempo yo volví a visitar a mi abuela (a escondidas) hasta que nacieron mis hijas y se las llevé... Aunque él no tuviera una nieta, yo si tenía un abuelo y ahora era ya bisabuelo. Mi abuelo no reconoció su error, porque éramos nosotros los equivocados, no él... pero le encantó conocer a sus bisnietas.
Todo volvió a la normalidad... más o menos.
Aparecen en escena mis tíos, los hermanos (tres) de mi padre. De pronto, cuando siempre habían renegado (eso sí, nunca en su cara) del comportamiento autoritario y la actitud de su padre con ellos, porque seguía tratándolos como niños pequeños y no como hombres, padres ya de familia... ahora se convierte en los hijos más buenos y cariñosos. Los mejores hijos que sacan a pasear a sus padres, que los llevan de viaje a lugares que nunca han visitado, que los "muestran" en reuniones de amigos, orgullosos de esos padres que tienen. Y como quien no quieren la cosa, hacen un comentario: " Su nuera, esa que ya no tiene, es joven todavía y quizás un día vuelva a casarse. Si hace eso, se llevará la herencia que le corresponde por ser madre de sus dos nietos, alguien que no es de la familia".
Jamás acusaré a mi abuelo de esta parte de la historia y de la decisión que tuvo, sino a mis tíos. Ellos conocían a su padre y ellos sabían la reacción que tendría mi abuelo ante esas palabras.
Mi abuelo cedió, toda su herencia, esas possesiones ganadas con el sudor de su trabajo y todo su esfuerzo, a sus tres hijos vivos... toda, vendida por unos miserables euros (creo que no llegaron ni a un euro por hijo), con la idea de que un supuesto marido de mi madre, pillara algo que no le correspondía.
Mi hermano y yo nos quedamos sin la herencia correspondiente a mi abuelo. Mi madre intentó recuperar algo, pero después de múltiples consultas a abogados, terminó por convencerse que meterse en ese tipo de juicios, no reportaría nada.
Mi hermano ha dejado de relacionarse con mis abuelos y mis tíos. Mi madre lleva así desde que murió mi padre. Y yo sigo hablando con mi abuelo ocasionalmente... como si no hubiera pasado nada.
No quiero decir que yo llevo razón y mi hermano no o al revés. Al fin y al cabo, da igual quien tenga razón. Mi abuelo me educó y sigue queriéndome como a su niña pequeña, esa que defendió de Sor Teresa. Y cuando estas navidades le llamé por teléfono para felicitarle , mi abueló lloró, porque se sentía sólo (después de conseguir su herencia, mis tios "desaparecieron" del mapa... exactamente no sé que pasó entre ellos y mi abuelo, esa parte de la historia no he llegado a conocerla, pero quiero creer que mi abuelo se dio cuenta de su error e intentó que le devolvieran sus posesiones). Va a cumplir un siglo de vida y con su mente lúcida, descubre que todos estos años luchando sólo ha conseguido estar sólo.
Y yo no puedo dejar de llorar, porque le quiero.
Etiquetas: recuerdos, reflexiones