Fiesta VIP en Nochevieja
Lugar: vivienda de Wendeling.

Horario: desde las 21:00 a mientras el cuerpo aguante.

Entrada: sólo se permitirán maias y sus descendientes.

Precio: un par de besos.

Aforo: 3 personas.

Decoración: típica navideña.

Vestuario: al antojo de los asistentes, preferiblemente pijamas calentitos para poder terminar por los suelos si el cuerpo lo exige.

Música: a elección de los asistentes, presumiblemente los villancicos de "Los Lunnis".

El precio de la entrada incluye:

- Cena con entremeses, primer o segundo plato a elegir (conociendo a dos de los asistentes, seguro que se saltan el primer plato e hincan el diente directamente al segundo) y postre con nata montana.

- Uvas de la suerte (o en su defecto... ya se verá).

- Bolsas de cotillón sorpresa; no vale enfadarse si lo que aparece en la bolsa no gusta el color.

La vivienda de la fiesta dispone de televisión de 21' en el que ver las campanadas de fin de año y con lector de DVD para entretener la espera con alguna película a elegir entre un amplio muestrario.

¡Feliz entrada de año a todos!

Nota: Estel e Ithilien siguen esperando vuestros comentarios. Gracias.

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Wendeling, viernes 30 de diciembre de 2005, 19:18 | Enlace permanente | 3 comentarios
Mi regalos de Reyes
Cuando era niña, contaba los días que faltaban para llegar a la noche de reyes. Casi podía sentir como caían los minutos, acercándose. En casa de mi abuelo había chimenea, pero también hacía mucho frío, así que en invierno estaba constantemente encendida.

En una esquina de la chimenea, sobre una ancha repisa, solía estar el teléfono, pero para navidad, se quitaba... era el lugar del pequeño belén y no solo eso, un año me empeñé en un árbol de navidad. Mi abuelo me había convertido en una niña caprichosa y malcriada, todo lo que pedía, con su varita mágica, lo conseguía.

Pero del árbol para decorar, no hubo manera. Al final optamos por poner una esparraguera grande, que tenía mi abuela en su patio y decorarla con bolitas y cintas de colores... no quedó mal.

Y nochebuena, con mis tios y sus novias... con el tiempo también fueron llegando primos.

Y nochevieja con las campanadas y las uvas.

Y la noche de reyes... esa noche no me dejaban dormir en mi trocito de habitación, porque por ahí venían los reyes (nada de la chimenea, que estaba encendida y podía salir chamuscaditos).

La ilusión de despertar por la mañana y encontrarme la ventana de mi trocito de habitación, llena al completo de jueguetes... juguetes de las cartas que habían escrito mis tios (y sus novias) y mis abuelos para mi... aparte de la mía propia, claro.

Por descontado, mis comederos de coco, pensando como habían hecho para meter una muñeca tan grande por la reja de la ventana... si ya habían gastado bastante magia en repartir todos los juguetes en una sola noche.

Perdí esa ilusión cuando fui a vivir con mis padres, ellos no escribían a los reyes.

Y la volví a recuperar en las miradas ilusionadas de mis hijas.

Durante unos años ellas han contado los días, hasta la llegada de esa noche. Pero este año, he sido yo la que les ha quitado el puesto. Yo la que llevo una cuenta atrás... porque esta noche de reyes recibiré mi regalo más esperado, deseado, amado, querido... esta noche volveré a besarle con toda mi ilusión por compartir, con todo mi amor por entregar.

Te quiero... y te espero, mi regalo de reyes.

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Wendeling, jueves 29 de diciembre de 2005, 23:34 | Enlace permanente | 2 comentarios
Sentimiento de culpa
Repetir mantra:

"Mi vida la controlo yo y ningún sentimiento de culpa por algo que jamás sucedió me va a impedir el que luche por ser feliz"

Nota: y no es una inocentada.


Estel e Ithilien han actualizado sus respectivos blogs despues de unos meses de vagancia supina. A ellas les hace mucha ilusión vuestros comentarios. Gracias.

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Wendeling, miércoles 28 de diciembre de 2005, 22:18 | Enlace permanente | 2 comentarios
La niña se queda en casa
Aquel día, la pequeña Wendeling de 6 años, despertó en la enorme y alta cama de sus abuelos, había dormido con ellos, algo apretada, pero el olor del amor y los mimos, hicieron que no se diera cuenta de la falta de espacio.

Estaba sola, tardó unos segundos en darse cuenta que esa no era la enorme sala del colegio, en el que dormían 20 niñas, sino la habitación de sus abuelos... que ya no estaba en el colegio, en ese momento oyó a su abuela moverse por la cocina.

- ¿Mama?

Su abuela apareció por la puerta, sonriendo. Se sentó en el borde de la cama:

- Papa ha ido al colegio, a buscar tus cosas, vendrá en un ratito.

Le puso una toquilla sobre los hombros, llevaba un enorme camisón que su abuela le puso la noche anterior... sólo tenía el azulmarino uniforme del colegio para ponerse, pero no le importaba. Ese día tampoco se iba a cruzar con Sor Teresa.

- Vamos, la leche está caliente.

Mientras Wen tomaba su leche, apareció su abuelo por la puerta. Traía una pequeña maletita.

- ¿Ya estás despierta? Cuando termines la leche, nos vamos a comprarte algo de ropa.

La pequeña tenía miedo de preguntar ¿Se quedaba en casa de los abuelos?¿No la iban a llevar al colegio de nuevo? Pero sonrió a su abuelo. Mientras terminaba su desayuno escuchó hablar a sus abuelos en la otra habitación. El abuelo estaba bastante enfadado, la abuela intentaba calmarlo.

--ooOOoo--

Después de la comida del medio día:

- Vamos a llamar a tu padre y decirle que te quedas con nosotros.

Un gran suspiro, una sonrisa de oreja a oreja. Unos nervios enormes recorrían su cuerpo ¿le dejarían hablar con su padre por teléfono? ¿Y con su madre?

--ooOOoo--

Con sus abuelos vivían sus tres tíos (hermanos de su padre)... No había ni habitación ni cama para Wen, pero todo se organizó. El abuelo trabajaba de noche, como guarda de unas bodegas. Así que podía dormir con su abuela... aunque un día de descanso, debía dormir con los dos... pero no importaba mucho. La iban a matricular en un colegio público, en el que también iban chicos y no tendría que aguantar a Sor Teresa, ni los madrugones, ni la misa en latín, ni los castigos de rodillas delante de la Virgen, ni el uniforme azul marino, con el duro cuello de plástico blanco, que siempre le pillaba un pellizco al abrocharse el botón y aunque echaría de menos a sus compañeras, pronto tuvo nuevos amigos.

Con el tiempo tuvo su propia cama y habitación, pero pocos amigos quisieron ir a jugar con ella en la casa del fantasma. Eso no impidió que olvidara esos dos años pasados en el colegio y que fuera por completo una niña feliz... aunque no llegó a recuperar a sus padres hasta los diez años.

--ooOOoo--

Nota: Años después me enteré de la escena que protagonizó mi abuelo en el colegio. Al parecer llegó preguntando por mi al colegio. No habían dado ninguna voz de que les faltaba una de las pequeñas. Ni aviso, nada de nada. Así que intentaron quitarse a mi abuelo de encima con un: "está castigada, vuelva usted mañana". Yo ni siquiera planteé escaparme del colegio. Sencillamente salí por la puerta. Todas mis cosas se habían quedado allí, así que imagino que pensaron que seguía dentro del colegio, escondida en alguna parte.

Mi abuelo pidió hablar con Sor Teresa. Cuando esta se presentó, le pidió mis cosas, informándole que la niña estaba en su casa. Sor Teresa se enfrentó a él. Mis padres me habían puesto a su cuidado, y tenía que permanecer en el colegio. Para eso habían pagado. Mi abuelo apretó los dientes y volvió a pedirle mis pocas pertenencias. Tras varios tiras y aflojas y pasar por el despacho de la madre-directora del colegio, le dieron la maletita. Cuando salía del colegio, acompaña por Sor Teresa, ella volvió a insistir que era su obligación cuidar de mi educación, que era una niña rebelde. Mi abuelo soltó la maleta y según comentaba, estuvo a un tris de lanzarle un buen hostión, que le salvó llevar hábito (y conociendo el carácter de mi abuelo, realmente le faltó muy poco para dárselo).

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Wendeling, martes 27 de diciembre de 2005, 22:33 | Enlace permanente | 3 comentarios
Escapar
Wendeling tiene 6 añitos... y acaba de escaparse del colegio.

Ese colegio que sus padres encontraron para una temporadita, mientras iban a otro pais, mientras encontraban trabajo y se instalaban. Ese colegio de monjas, en el que viviría muy bien cuidada... en el que dormiría, despertaría a las 6 y media de la mañana, se lavaría con agua helada en verano e invierno, iría a la capilla a escuchar misa durante una hora, una misa celebrada en latín... y con monja que cuidaba que las niñas estuvieran despiertas y atentas, a reglazo limpio. Después un desayuno con leche y 3 galletas y a clase.

Las clases son siempre divertidas. Es lo que más disfruta la pequeña Wen. Le encanta aprender, siente curiosidad constantemente y las profesoras no son todas monjas... Las clases y las tardes, después de la merienda (otra vez leche y 3 galletas)... hay un jardín enorme, en el que jugar, incluso hay varios columpios en el que esperas una cola enorme para pasearte, pero cuando vuelas tan alto, casi tocas las nubes... y cuando llueve, la sala de juegos... enorme, con un montón de juegos de mesa para las pequeñas y si quieres, las monjas te enseñan a bordar, para las mayores... o nada de querer, en ocasiones terminas castigada bordando... Suerte que Wendeling es muy pequeña todavía.

Y las horas de comer y cenar, las pequeñas ponen la mesa y recogen después, las mayores sirven y friegan platos (si están castigadas). Todo organizado. Somos muchas niñas y no permiten que alguien se salga de lo permitido.

Wendeling lleva aquí ya dos años. Espera... desespera... esa carta primero y a su padre después, que la llevará con él, para volver a estar todos juntos.

Pero pasa el tiempo y nunca llega.

Un día se cruza por el camino de Sor Teresa, una monja amargada y tuerta del ojo derecho. Wendeling tiene un ojo vago que en ocasiones tuerce un poquito y Sor Teresa se empeña en que le está haciendo burla de su defecto. No atiende a razones, no escucha que Wen no se da cuenta cuando hace eso con su ojo. Empiezan los castigos constantes: delante de la virgen de rodillas durante horas, para que aprenda modales (Wendeling se tira horas así, pero nada de pedir perdón, se imagina que la serpiente que pisa "la Inmaculada" se escapa debajo del pie y termina picando... y matando... a Sor Teresa), miles de copiados e incluso la encierra en ocasiones en los servicios de un ala vacía del convento-colegio.

- Aquí puedes gritar lo que quieras y llorar, nadie te va a escuchar.

Y Wendeling llora, asustada. Sólo tiene 6 años.

Así que decide que no quiere estar más en el colegio. Una mañana, después de comer sus galletas, sencillamente sale por la puerta... se marcha.

Nadie la ha visto.

Durante horas vaga por la ciudad. De aquí para allá, no tiene miedo, es demasiado pequeña para darse cuenta que una niña tan pequeña no puede estar sola por la ciudad. Mira los escaparates, se siente no feliz, pero si tranquila. Hoy Sor Teresa no le va a dar un reglazo ni esos insufribles discursos sobre el respeto.

Pero pasan las horas y tiene hambre. Descansa en un parque... sentada en un banco, deja pasar las horas.

- Niña... ¿Y tu madre?

Un hombre le habla... cree recordarlo, pero no está segura. Wendeling le mira y no le contesta.

- Tu eres la nieta de Joaquín ¿verdad? si... seguro, te pareces muchísimo a tu madre. ¿Qué haces sola?

Wendeling sigue sin contestar, pero siente como se le sube un nudo por la garganta... intenta hacerse la fuerte, no llora.

- Venga que te llevo a casa de tu abuelo.

Y Cuando llega, sus abuelos se sorprenden muchísimo. Pero la pequeña Wen no puede responder a ninguna de sus preguntas... solo quiere llorar y llorar y llorar mientras sus abuelos la abrazan.

Ahora se siente segura. Ellos lo arreglarán todo.

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Wendeling, lunes 26 de diciembre de 2005, 20:22 | Enlace permanente | 2 comentarios
Ayuda menú navideño materno-infantil

Mañana es nochebuena y a estas alturas del mes, todavía desconozco si podré celebrar la Navidad a solas con mis hijas o acompañada de mi madre. Si ocurriera lo primero, sería la primera vez en que me vería "a solas" ante tal evento. Aunque creo que las invitadas no son gente quisquillosa y con cualquier "chuchería" saldrían contentas.

Así que os pido ayuda, para organizar un menú navideño en el que no me gaste mucho dinero y dos niñas y una madre salgan satisfechas... de la cena de Nochebuena, de las sobras del día de Navidad, no muy empachadas y con poquito dinero, que todavía nos queda una semana para llegar a fin de mes.

No importa como veas estas fechas, pueden ser el principio o fin de una época de tu vida, te pueden traer la renovación o continuidad de proyectos, como cada año tendremos en el recuerdo alguna ausencia y como cada año tendremos infinidad de intenciones. Pero nada de eso cambiará que os envíe a todos el mayor de mi cariño y deseo de que se cumplan esas ilusiones que nos hacen seguir adelante.

Feliz Navidad a todos (y cuidado con los empachos y malas pulgas acumulativas de año).

Gracias por estar ahí, día tras día.

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Wendeling, viernes 23 de diciembre de 2005, 19:47 | Enlace permanente | 3 comentarios
No me ha tocado la lotería
En ocasiones no hay mal que por bien no venga. No me ha tocado la lotería... pero nada de nada. Eso sí, se va acercando (veremos cuantos años tardo en que se acerque al completo), el número con el que jugaba, el 40088 se ha quedado sólo a dos del gordo (él de las decenas de millar y él de las unidades)... pero al menos tengo los tres números centrales. Je... quien no se consuela es porque no quiere.

Pero como decía, no hay mal que por bien no venga... mi jefe me ha visto tal carita de pena, que acaba de llamarme por teléfono. Tengo una cesta de navidad esperándome a que la recoga mañana. Y eso que ahora estoy de vacaciones oficiosas, el no tener quien me ayude con mis hijas cuando están de vacaciones escolares, hace que tenga que dejar de trabajar (y cobrar) cuando ellas "descansan" del duro ajetreo escolar.

No me ha tocado la lotería, pero al menos oleré (y veré comer a los demás) el rico turrón.

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Wendeling, jueves 22 de diciembre de 2005, 20:32 | Enlace permanente | 2 comentarios
Alejarse
En ocasiones tropezamos con personas maravillosas, así, sin esperarlo, conoces a alguien y enseguida te das cuenta que esa persona es especial... y no quieres dejar escapar su amistad, porque reconoces que su contacto, que su amistad, va a enriquecer tu vida.

Sabes que es especial y quieres devolverle el favor que te está haciendo, intentándo hacerle ver todo lo que significa para ti. Te sientes bien contigo mismo porque tienes a alguien especial a tu lado y quieres que la otra persona también se sienta bien... ofreces, das, regalas lo mejor de ti, en pago por su amistad, por su cercanía.

Pero surgen problemas, descubres, sin proponértelo, algo que sabes que le va a hacer daño.. es más, descubres que no puedes seguir cerca de esa persona, porque contigo a su lado estás consiguiendo el efecto opuesto al que deseas... le vas a hacer daño, mucho. Le estás complicado su vida (ya de por sí liada). Y no sabes que hacer.

Tu primera reacción es contárselo todo. Revelarle la historia que se está tejiendo alrededor... es fácil para ti, quedas bien, la otra persona te da las gracias y plantas el balón en su campo, esperando que tome la decisión ¿correcta? no... la decisión que te vaya bien a ti. Has salvado tu amistad, pero ¿a costa de qué?

Después lo piensas, mucho. Lo quieres y sientes que es especial para ti y que lo primero es hacerle sentir bien... tú no eres importante, él sí. Tomó su decisión hace mucho tiempo, antes que tú aparecieras... y la forma de demostrarte a ti misma, todo lo que él significa es callarte. No le vas a hacer daño sólo por el hecho de mantener tu propia autoestima.

Y te callas.

Y te alejas, aunque te duela, aunque sepas que le estás haciendo daño... pero sabes que el dolor será mucho más profundo si te quedas cerca. No puedes hablar, no puedes contar la razón... tan solo esperar que él respete tu decisión, aunque no la comprenda... esperar que no te termine odiando, por actuar así.

Sabes que has tomado la decisión correcta. Pero duele... mucho.

Y a pesar de lo que pueda creer, me gustaría que supiera que sigo pensando en él... Con todo mi cariño, un beso enorme.

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Wendeling, miércoles 21 de diciembre de 2005, 22:31 | Enlace permanente | 3 comentarios
Visita al médico
Después de decenas de pruebas y aguantar ATS y especialistas varios, hoy he acudido a mi médico a recoger resultados: mi sistema vital (como diría en esa cantidad de series de sci-fi que circulan por ahí) está funcionando perfectamente, no tengo problemas... sólo que a mis glándulas suprarrenales les ha dado por hacer horas extras.

Conclusión: durante una buena temporada voy a jugar a las casitas con una enorme cantidad de pastillas de diversos tamaños y formas, eso si, todas muy conjuntadas en color blanco.

Y me tiene que decir esto justo antes de Navidad: adios a sus excesos culinarios... adios a mis botellitas de cava tomadas mano a mano con mi madre... adios a chucherías navideñas varias.

Menos mal que me hicieron creer en los reyes magos y como este año he sido buena, voy a recibir el regalo más esperado.

Nota: Si a todos los padres se nos cae la baba viendo la actuación de nuestros hijos en la fiesta pre-vacaciones navideñas... Si todos los padres creen que sus hijos son excepcionales y serán grandes personas... ¿por qué cuando esos niños crecen se convierten en personas mediocres? Por cierto lo he pasado pipa viendo la actuación de Estel vestida de nube lluviosa e Ithilien de color amarillo del arco iris. Y se me ha caído una lágrima, cuando he visto la gran actuación de Ithilien como virgen María (la lágrima tengo que aclararla que ha sido del ataque de risa que me ha provocado el numerito que ha montado, intentando ponerse el manto bien, con un muñeco en brazos e intentando disimularlo) y lo maravillosamente bien que ha sonado el villancico que ha cantado Estel (y eso que voz de cantante, como que no tiene... aunque es maravillosa en muchos otros aspectos)... Ainsss... que alguien me pase un babero.

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Wendeling, martes 20 de diciembre de 2005, 19:25 | Enlace permanente | 2 comentarios
Me siento verde
En ocasiones no me entiendo.

No comprendo por qué me puede dar tanta rabia escuchar a un chico de 18 años, quejarse de su falta de dinero para llegar a fin de mes... porque no le queda suficiente para gastar en su móvil, salir todos los días y comprarse la ropa que quiere para embelesar a las chicas estas navidades,... tiene que escoger una u otra cosa. Y sobre todo, no me entiendo, cuando dice que los 600 € que le pasa su madre para estas navidades, no le va a llegar a todo... mientras yo mataría por tener en mis manos esos 600 € (y no conformarme con los 200 que me quedan hasta fin de mes)

Pero mi sorpresa es mayor cuando me descubro sintiendo envidia de esa vida que yo jamás he vivido... de que toda mi preocupación fuera el escoger si quiero ir de smoking o de traje en la fiesta de nochevieja... en vez de estar haciendo cuentas constatemente para ver como puedo gastar menos dinero del que tengo.

Me creía libre del mal nacional y parece que no. La envidia se acaba de instalar en mi vida: ¡Yo también quiero una madre que aparte de darme casa, comida y ropa me pase 600 € para irme de fiesta estas Navidades!

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Wendeling, lunes 19 de diciembre de 2005, 20:20 | Enlace permanente | 3 comentarios
Mi amiga Carmen y una llamada de teléfono
Esta tarde, he recibido una llamada de teléfono de mi amiga Carmen. Lloraba, con rabia contenida, mucha rabia porque "él" se va a casar... cuando no lo hizo con ella, que le dió más de 20 años de su vida. Intentaba calmarla, hacerle ver que quizás era lo mejor, porque así la liberaba. Pero no. Carmen gritaba que lo amaba, que no le importaba todo lo que había pasado durante estos 20 años.. que lo amaba. Y a partir de ahora su vida no tenía sentido.

Me asusté... mucho. ¿Cómo puedes amar a una persona que ha destruido tu vida?


Cuando conocí a Carmen, jamás (como suele suceder) pensé todo lo que significaría para mi. Carmen, en principio, solo sería una compañera de trabajo más. Durante tres meses compartiríamos establecimiento, aunque representábamos a distintas marcas y se supone que nos haríamos la competencia... pero nos habían asignado un lugar bastante alejado de cualquier población, con un horario no habitual. Así que terminamos pasando juntas un buen montón de horas, incluidas comidas.

Horas, durante las que el aburrimiento (no era un lugar que destacara por su gran afluencia, aunque sí por sus ventas, por lo que el cliente había solicitado varias azafatas y allí estábamos nosotras) se combatía de distintas formas, incluidas charlas interminables. Carmen y yo intimámos enseguida. Así me enteré que estaba "no casada" desde hacía diez años y tenía un hijo pequeño, un bebé de año y medio, que todas mañanas tenía que levantar muy temprano y dejar en la guardería. Su "no marido" no estaba de acuerdo con que trabajara y dejara al bebé, pero ella tenía sus buenas razones para hacerlo.

Ella también se enteró (por mi claro) que tenía novio desde hacía algunos años y que estábamos, muy ilusionados, arreglando nuestra casa para vivir juntos (en aquella época intentaba convencer a mi futuro marido, que mejor nos ahorráramos el papeleo y hacer igual que Carmen; por cierto, perdí y terminamos casándonos un par de años después).

Pasado el tiempo, Carmen empezó a confiar más en mi y terminé por enterarme de sus buenas razones para trabajar... Su "no marido" tenía ataques de celos, en los cuales terminaba, no solo de acusarla de hechos que no habían sucedido, sino también de levantar la mano y dejarla caer con bastante frecuencia.

Fue cuando empecé a conocer el mundo de los malos tratos familiares... Recuerdo que después de una charla en las que las dos terminamos llorando (después de mostrarme el gran moratón que tenía en la espalda y su brazo izquierdo) pensé que no entendía por qué seguía con él... por qué no se iba de esa casa con su hijo en brazos, porque no le unía ningún vínculo legal con él (ni siquiera había reconocido a su hijo)... que a mi jamás me pasaría eso, porque el primer hostión me lo llevaría por la sorpresa, pero no daría lugar a un segundo... Qué fácil resulta dar consejos cuando te encuentras en estas situaciones, desde fuera...

Carmen llevaba diez años conviviendo con una persona, que no solo la maltrataba físicamente, esto solo llevaba sucediendo un par de años antes, sino psíquicamente... que había conseguido minar sus ganas de vivir, su sonrisa, su ilusión. Que pensaba que no servía absolutamente para nada, porque nada hacía bien (cuando tuvo problemas en su parto, él le soltó que ni siquiera era buena para parir, como cualquier mujer). Una persona que controlaba absolutamente todo lo que hacía, por donde se movía, que jamás había tenído más de 1000 pesetas en su monedero, que incluso tenía que pedir permiso para salir a comprar el pan. Una persona que la obligaba a dejar llorando a su bebé de pocos meses, porque al padre del niño, en ese momento le apetecía que ella le hiciera una mamada y que terminaba por darle un hostión, si el pequeño lo despertaba llorando a media noche.

Por eso el interés, a pesar de todo, de tener su trabajo, de poder controlar algo de dinero... Carmen necesitaba ese dinero para salir del círculo vicioso que llevaba desde hacía diez años. Llevaba años con una maleta hecha y escondida, para salir corriendo, pero en las pocas ocasiones en que lo había conseguido, él terminaba por encontrarla... con un gran ramo de flores, lágrimas y la promesa de que no volvería a suceder. Qué todo sucedía porque la amaba y tenía miedo a perderla.

Y Carmen lo creía y volvía... y sucedía de nuevo.

Yo no entendía el porqué volvía, el porqué dejaba que le hiciera daño, que la llamara puta a gritos si la cena no estaba a la hora que él le apetecía.

Carmen siguió con él, terminó por convencerla de que dejara su trabajo, porque era obligación de ella cuidar de él y del pequeño... tuvo otro hijo y un par de ingresos en el hospital por palizas (en cada una de ellas, la maldad iba en aumento), hasta que después de veinte y dos años juntos, él la abandonó, dejándola en la calle, sin nada... bueno, sin nada no, con dos hijos... porque él había encontrado a una jovencita que follaba mejor que ella, porque ella era una mierda de mujer de cuarenta años, hundida, deshecha, que jamás había hecho algo bien.

Carmen intenta ahora volver a ser mujer, porque incluso ella llegó a creer que era nada. Con ayuda de la familia (que al parecer jamás sospechó nada) y de los amigos, intenta buscar un trabajo para poder conseguir un lugar donde vivir con sus hijos... está aprendiendo a vivir sin miedo, aunque con la amenaza de su "no marido" siempre presente... porque claro, ella sigue siendo suya, es su posesión y no va a consentir que rehaga su vida con ningún otro hombre...

Y ahora esa persona que hundió, que destrozó la vida de Carmen, se va a casar, con una jovencita a la que le lleva 24 años. Y mi amiga, que sigue rota, que no ha logrado salir del círculo vicioso que él creó para ella... grita desesperada, porque sin él la vida no tiene sentido.

Y no sé como ayudarla.

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Wendeling, viernes 16 de diciembre de 2005, 20:40 | Enlace permanente | 4 comentarios
¿Padre o amigo?
¡Qué fácil es ser colega de tu hijo y qué difícil educar!

¿Cuándo aprenderan los padres "modernos" la diferencia?

Hace años... muchos... ante cierta discusión con mi madre (siempre era el mismo problema: mis obligaciones en casa como mujer, antes que mis obligaciones como estudiante y mis obligaciones como trabajadora), ella intentó zanjar la cuestión diciéndome que antes que mi madre, quería ser mi amiga... que ante cualquier problema acudiera a ella, como lo haría con una amiga.

- ¿De verdad mamá?

- Pues claro.

- ¿Estás segura?

-.Sí, Wen, es lo que quiero, ser tu amiga.

- Mira mamá, si es lo que quieres, de acuerdo. Pero quiero avisarte, que lo más seguro es que como amiga, te enteres de muchas cosas que no te gustaría enterarte como madre... ¿y entonces como reaccionarás? ¿cómo amiga o como madre?

- No te entiendo.

- Mira mamá... quizás como amiga, una noche llame a casa y te diga que como estoy algo bebida y ando más caliente que los palos de un churrero, voy a llevarme a casa a un tipo que acabo de conocer , porque prefiero meterle mano en la intimidad de mi dormitorio que detrás de cualquier árbol en medio de la calle....

Mi madre no me dejó terminar lo que pensaba decirle.

- ¡Ni se te ocurra! ¡Esta es mi casa y jamás permitiré que....!

- ¿Qué? Eres mi amiga y las amigas se hacen ese tipo de favores...

Terminamos la conversación en ese punto... Mi madre jamás me volvió a proponer que fuéramos amigas. Ella optó por ser siempre mi madre. Aunque no me conociera mucho como hija porque yo jamás fui el tipo de mujer que se hubiera comportado como en mi ejemplo. Pero yo si conocía lo suficiente a mi madre para saber su reacción de antemano.

Y hoy en día se ha impuesto el sistema de ser "colega" de tus hijos. Siento rabia ante los casos con los que me tropiezo... cuando veo a esos padres orgullosos de lo machotes que son sus hijos de 15 años, cuando les cuenta con cuantas se han acostado... porque son amigos de sus hijos y ésto se lo cuentan... no como los padres de antes... y olvidan educar a su hijos, informarles que primero está la educación con la que debes tratar a una mujer (y cuando hablo de hijos, también incluyo al otro sexo... esos padres que son colegas de sus hijas y les regalan los "tatuajes" a niñas de 12 años)... cuando olvidan educar a sus retoños y se sienten tranquilos, porque en el colegio les han dado una charla sobre ETS y con eso ya está todo "educado".

Lo siento... pero ante todo soy madre e intento educar. Un hijo no es feliz porque su padre le de absolutamente todos sus caprichos. Me sentiré satisfecha si consigo la confianza de mis hijas y su respeto... respeto mutuo, que yo también siento por ellas. No tengo el manual del perfecto educador. Pero si creo tener el suficiente raciocinio para más o menos, indicar un camino a seguir.

Y no digo que esos padres quieran menos a sus hijos que yo... simplemente digo que es más fácil ser "colega" pero que nuestra obligación es ser padres y "educar"

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Wendeling, jueves 15 de diciembre de 2005, 22:30 | Enlace permanente | 2 comentarios
Los vecinos
Cuando era pequeña y vivía con mis abuelos, el portón (era una puerta enorme) de la casa del fantasma, siempre estaba abierto. Fuera verano o invierno, incluso de noche, sólo se cerraba cuando nos metíamos a dormir en la cama. Ocasionalmente, cuando había temporal, se cerraba la puerta y todos nos apretujábamos delante de la chimenea.

Delante del portón, había una estera de esparto, que impedía entrar al sol o al frio... y por supuesto, a las moscas... esos puñeteros animalitos empeñados en atosigarte constantemente. Mi abuelo sustituía esta persiana de material natural cada pocos años. Lo recuerdo sentado en una silla baja con asiento de enea trenzando el esparto en enormes cuerdas que después usaba para construir la estera. Con el tiempo, se sustituyó la estera por una persiana de plástico de color verde...que también protegía a la casa del sol y las moscas... pero nunca (para mi) fue igual.

Los vecinos del pueblo eran tu segunda familia... todos conocían a todos y no necesitaba nunca decir a mi abuela donde estaba o si salía de casa. Todo estaba controlado. Nunca se perdía un niño, porque sin usar un teléfono, en pocos minutos alguien te decía donde estaba jugando.

Cuando fui a vivir con mis padres, no vi nada excepcional en que la puerta del piso también estuviera constantemente abierta. Los vecinos iban y venían por mi casa... los niños también. Mi padre era capaz de estar horas jugando con niños, tirado en el suelo con ellos, explicándole gamberradas infantiles o contando historias maravillosas. Y mi madre siempre tenía preparada alguna galleta y un pañuelo, para el niño que llegaba llorando a casa porque su madre le había regañado... después de calmarlo llamaba a la vecina y le decía donde andaba el gamberrete de turno.

Mis padres disfrutaban de una envidiable vida social: el aperitivo con la vecina del 2º o el café con la del 5º... fines de semana en el campo con todos o en la playa cuando llegaba el verano. A pesar de las típicas rencillas de personas que viven muy cerca, no había problemas graves o imposibles de solucionar con la ayuda de todos.

Cuando me casé, todo eso desapareció. En casa nada de puertas abiertas. A mi señor esposo le gustaba la intimidad. Los amigos se fueron distanciando, porque nunca se encontraba momento (o ganas) para quedar con ellos. El ir de visita a tomar un café a casa de los amigos, suponía la "obligación" de invitarlos a casa. Igual ocurría con los vecinos. Nunca llegué a intimar por completo con ellos. El recelo inicial por ser alguien nuevo se unió a tener unos vecinos un tanto "estrambóticos" que tampoco intentaron acercarse a mi.

Y hoy en día, echo de menos a esos vecinos metomentodo que disfrutaron mis abuelos y mis padres. Con los que hablar de tonterías quizás, pero con la certeza de tener su apoyo y ayuda ante una eventualidad. El sentirme sola cuando necesito a alguien, el no saber con quien dejar a mis hijas cuando tengo que acudir al médico... incluso la simple falta de un poco de aceite para cocinar...

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Wendeling, miércoles 14 de diciembre de 2005, 20:42 | Enlace permanente | 2 comentarios
No entiendo a los mayores
- ¿Pero por qué no, mami?

- Porque no creo que le guste, Ithilien.

- ¿Por qué no le va a gustar? Es mi amigo.

- Es cosas de mayores.

- Pues no entiendo a los mayores.

Y la verdad, es que me gustaría que todos sintieran como mi hija. Y pasaran de prejuicios... pero eso es tan difícil... ¿Cómo explicar a una niña de 8 años, que presentar al novio de su madre a su abuela paterna no es socialmente aceptable?

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Wendeling, martes 13 de diciembre de 2005, 20:05 | Enlace permanente | 3 comentarios
¡¡Campeonas!!
Wendeling nunca ha sido una deportista nata... a no ser en sus sueños. La verdad es que si ha sido una aventurera. No ha tenido problemas en imaginarse viviendo la más extraordinarias historias, como pirata, como caballero, como domadora de dragones... Pero en la vida real, siempre le ha costado llegar a la altura 10 cuando jugaba al elástico (o a la goma, como dicen en otros lugares) o mantener mucho tiempo saltando a la comba. Sólo trepó a un árbol en cierta ocasión y jugando al futbol, terminaba siendo la portera, porque no necesitaba correr tanto. Eso sí... la bici le encantaba, aunque siempre tenía las rodillas con heridas, por las caidas persistentes y algún coscorrón grande en la cabeza que se llevó.

Pasaba el tiempo y ella crecía, obsesionada en encontrar un deporte que se le diera medianamente bien. Probó con carrera de vallas y aunque consiguió una técnica aceptable y no comerse las vallas con frecuencia, su velocidad no era la más aceptable para una competición. Siguió salto de altura... nada... pasó a deportes en equipo y ahí se mantuvo durante una temporada, jugando como lateral izquierda en balonmano, pero la dureza de los encuentros (y eso que eran niñas de 13-14 años) terminó por desanimarla.

Por fin encontró su deporte... su habilidad especial. Incluso su entrenador se entusiasmó con ella, al ver su más que aceptables y prometedoras marcas: lanzadora de disco. Pero ahí estaba su padre para prohibírselo por completo. La visión de las "mujeres" lanzadoras de disco y peso en las olimpiadas hizo que se negara en redondo que su hija practicara ese deporte... por más que le suplicó ésta e intentó convencerle su profesor con explicaciones: esas deportistas profesionales tenían deformado su cuerpo por sustancias ajenas y su hija no tenía por qué llegar a eso. Sólo era un deporte que le podría ir bien.

Pero no. Olvidado el lanzamiento de disco.

Cuando llegó al instituto, siguió probando distintos deportes, aunque el desánimo ya se había instalado en ella. El baloncesto tampoco la satisfizo... y estaba por dejarlo, cuando al equipo de balonvolea se quedó sin una de sus chicas.

El entrenador nos hizo pruebas a todas las chicas de baloncesto, por su altura eran las más adecuadas.

- Wen, colócate en esa esquina y lanza el balón por encima de la red.

- Profe. No sé jugar. No me gusta. Ni idea de como se hace.

- Da igual. Ahora solo quiero ver si eres capaz de llegar y pasar la red.

Y el anterior entrenamiento de ella con el lanzamiento de disco hizo su efecto. Sin la más mínima técnica, el balón describió una hermosa parábola y pasó la red.

- Vuelve a intentarlo Wen... pero ahora intenta lanzarlo al aire y palmearlo.

En esta ocasión el balón llegó directamente al suelo antes de que consiguiera siquiera tocarlo.

- Déjalo Wen... hazlo como lo has hecho al principio.

Y después de múltiples intentos.

- Adjudicado. Wendeling, bienvenida al equipo de Voleibol

- ¿Qué?... Profe... profe... no, por favor. No me gusta.

Pero no hubo nada que hacer. O aceptaba o aceptaba... y para prevenir un suspenso que le bajara la nota media, aceptó.

Ese año, el profesor inscribió por primera vez al equipo femenino de Balonvolea en un campeonato municipal... íbamos a competir. Eso se tradujo en entrenamientos intensivos y palizas consecuentes, intentando conseguir que unas chicas nos convirtiéramos en un equipo.

Por fín llegaron las fechas del campeonato y nuestra sorpresa fue encontrarnos que sólo se habían inscrito dos equipos: el nuestro y el colegio alemán.

Bueno, pues nada... a competir... contra el mejor equipo femenino de institutos de toda la provincia. Nos impresionó un poquito cuando las vimos aparecer en nuestra cancha... eso no eran mujeres... eran enormes tanques rubios, sonrientes y entrenadas para matar. Enorme paliza... solo conseguimos unos puntos y perdimos los tres set.

Ahora nos tocaba jugar en su colegio... viajecito hasta Marbella y bocas abiertas ante las instalaciones de estas germanas afincadas en Málaga. Vuelta a lo mismo. Perdimos... sólo unos pocos puntos marcados (el último set se lo regalamos... total... 15-0).

Habíamos perdido los dos partidos... tanto el de ida como el de vuelta. Nos considerábamos eliminadas de la competición, cuando nos llegó la nota: como sólo éramos dos equipos los que competíamos, habíamos llegado a la final los dos... se jugaría un tercer partido, que sería el definitivo (como si no hubieran sido los dos anteriores definitivos por completo)... habíamos llegado a la final.

Campo neutral. Nos presentamos el día de la final "oficial" (y definitiva que sospechábamos)... esperamos... esperamos.... esperamos... esperamos.... Las tanquetas alemanas no llegan.

Los organizadores de esta mini competición (y tan mini...) se habían gastado un dinero en publicidad y premios... que no iban a quedarse sin entregar. Necesitaban dar los premios, hacerse las fotos pertinentes y salir en los "medios" locales. Así que decidieron que como éramos las únicas que habíamos aparecido, declararnos campeonas del 1er campeonato de voleibol femenino malagueño.

- ¿Campeonas?

- Sí... sí... nos van a dar la copa.

- Pero si hemos perdido los dos partidos.

- Pero las alemanas no se han presentado hoy. Han sido eliminadas.

Wendeling no volvió al año siguiente a jugar con el equipo. Había conseguido su objetivo... por fín tenía en su poder un diploma que la consideraba ganadora de un premio deportivo. Y como recuerdo guarda una foto en la que un equipo de chicas de 16 años tienen un ataque de risa esperpéntica cuando unos señores muy serios y trajeados, les entregan una enorme copa.

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Wendeling, lunes 12 de diciembre de 2005, 20:40 | Enlace permanente | 2 comentarios
Tomando un café
- ¿Qué se siente cuando te dicen que te aman?

Wen mira sorpendida a su amiga, mientras toman un café mañanero (que no de desayuno).

- ¿Nunca te lo han dicho?

- Sí, pero no me lo he creído. Me gustaría saber que se siente cuando te lo crees.

- Incredulidad, sorpresa, temblor en las piernas, cosquilleo que te recorre toda la piel, sobresalto en el corazón, esperanza, ilusión, mariposas revolotear en el estómago. Sientes como se abre un mundo nuevo... como no estás sola. No sé, es difícil de explicar... tanto, como difícil de sentir. Algo que deseas y cuando te lo dicen, quieres ante todo creer que es verdad. ¿Sabes? En ocasiones lo esperas durante tanto tiempo, el oir que te aman, que cuando llega, te pilla tan desprevenida que no sabes reaccionar.

- Me gustaría sentirlo alguna vez.

- ¿Y por qué no?

- Mírame...¿Cómo se va a enamorar alguien de mi?

- No te entiendo ¿por qué no?

- Pues como soy.

- Pues por eso mismo. Eres una mujer. Inteligente, simpática, agradable, con una sonrisa preciosa... ¿Por qué no se va a enamorar alguien de ti? De mi lo han hecho... y no soy tan distinta a tí.

- No creo que ocurra.

- No digas tonterias. Ocurrirá y lo primero, es creértelo tu misma. Un día te dirán te amo y te lo creerás... porque será verdad.

- ¿Cuántas veces necesitas enamorarte para que te correspondan?

- Pues ahí, me has pillado. No lo sé. Hay estudios que dicen que los hombres (hombres y mujeres) se enamoran 2 veces de verdad, a lo largo de su vida. A mi me han dicho 3 veces que me aman y esas 3 veces, he sentido que era auténtico.

- Pues ya me has quitado 1 vez de mi media... así que sólo me queda un amor de verdad en mi vida.

- No digas tonterías y lucha por tí misma. No desesperes, un día, a la vuelta de la esquina, cuando menos los esperes, alguien te dira "te amo" y sentirás que sólo existe esa persona en el mundo. Te lo aseguro.

Nota: Tres veces, que recuerdo momento al momento. Tres declaraciones de amor en las que temblaba al completo... tan deseosa de escucharlo como de decir mi propio "te amo". Tres fechas inolvidables, irrepetibles. Dos amores que terminaron y uno que vivo en este momento... Lo que ha hecho, que a pesar de todo lo ocurrido, siga creyendo en el amor para sentirme viva.

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Wendeling, viernes 9 de diciembre de 2005, 20:10 | Enlace permanente | 3 comentarios
LAS CRÓNICAS DE NARNIA "El león, la bruja y el armario"
Siempre me decepciono cuando veo una película con guión adaptado de una novela, sobre todo si he llegado a "sentir" esa obra en profundidad. Como me pasa, por ejemplo, con "El señor de los anillos" y aunque disfruté como una enana viendo las adaptaciones que hizo Peter Jackson sobre ESDLA, también sentí que no era "mi novela", ni "mis personajes". Ésta es una de las características geniales de la literatura... porque aparte de la idea que te ofrece el autor, uno usa su imaginación para vivir esa historia en particular y lo natural es que haya tantas historias como lectores tenga la obra.

Por eso, que sensación más rara, cuando descubres, que despues de "vivir" un libro, alguien lo ha imaginado exactamente igual que tú... y lo ha plasmado en una película. No sé si es el hecho de leer esta serie de novelas cuando era bastante niña, o el "redescubrirlas" ahora de nuevo, cuando mis hijas están leyéndolas y comparten sus lecturas conmigo... pero hoy he vuelto a "vivir" una novela y no estaba leyéndola, sino viendo las acciones directamente, sin usar mi imaginación. Y mis hijas estaban a mi lado y yo no era su madre, sino otra niña más de 8 años, que ha sentido miedo, angustia, sorpresa, valentía, esperanza, tristeza, fuerza, alegría... que estaba viviendo la misma historia que mi imaginación vivió hace tantos años.

Hoy, durante dos horas, he sido una niña... gracias a "Las crónicas de Narnia".

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Wendeling, jueves 8 de diciembre de 2005, 21:54 | Enlace permanente | 3 comentarios
Inteligencia preadolescente
Desde hace unos días, vengo observando un anuncio en televisión... específicamente anuncia un modelo de teléfono móvil, extraplano... pero lo que me llama la atención son las imágenes previas antes de que salga la imagen del objeto en cuestión:

Una chica jóven... extraplana también (y no me estoy refiriendo a su pecho... sino a la poca "chicha" que hay entre su espalda y su pecho), que las sufre para poder ponerse uno de los pantalones vaqueros de moda actualmente... gime, se revuelve, suspira, aguanta la respiración, se tumba en la cama, posturas complicadas manteniendo equilibrios extraños. Finalmente consigue embuirse esos pantalones que la hacen ser "resultona", ir a la moda y parecer más delgada si es posible. Es en ese momento cuando tiene que escoger un modelo de teléfono que pueda guardar en un resquicio inesistente.

Y ayer me sentí orgullosa de mi hija Estel, cuando al ver el anuncio comentó:

- Mami, ¿ves? por eso no me gustan los pantalones vaqueros... hay que sufrir para ponérselos y sufrir para llevarlos. Con lo mal que lo pasa ¿para que los usa? si encima la hace más delgada y no le sientan bien.

Espero que tarde mucho tiempo en perder esta inteligencia preadolescente y que no la cambie en mor de ideales absurdos de moda o tribus urbanas... y ojalá siga siendo ella misma en los complicados años que están al llegar.

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Wendeling, lunes 5 de diciembre de 2005, 20:21 | Enlace permanente | 3 comentarios
Recuerdos musicales
Tal y como contaba Euria, al escuchar determinados temas, tiendes a recordar esa situación que viviste, justo cuando lo escuchaste.

Y curiosamente, me ha ocurrido algo similar, pero no al escuchar una canción, sino al ver al cantante en televisión:


Invierno de 1989, Wendeling trabaja en un hipermercado en Vélez Málaga, Ha conseguido un buen contrato con Freixenet (no... no de burbujita, sino de azafata de promociones) para la campaña de navidad y aunque en lugar no es de lo más interesantes para vender cava, no se le está dando mal la venta de vinos del Penedés.

Su jefe se impacienta... quiere que venda cava, no vinos ¿pero como hacerlo? vale... de acuerdo, con degustaciones.

Sin problemas... sólo que salvo turistas accidentales que acudan el hipermercado, los lugareños prefieren el vino.

En una de estas degustaciones, un cliente algo impaciente, le tira casi media botella encima a Wendeling... aparte de que es invierno, empapa el uniforme y Wen no irá a su casa hasta la noche.

Corre a los servicios, intenta limpiarse como buenamente puede sin enseñar mucha ropa interior (los servicios son públicos) y vuelve a ponerse el uniforme.

Aparte de la mancha, el cliente la ha perfumado para todo el día.

Cuando termina su jornada laboral, corre hasta la estación de autobuses (Wendeling no dispone de coche... y aunque así fuera, tampoco tiene carnet de conducir. La verdad es que nunca le ha hecho falta, se ha movido durante años por la costa a bases de autobuses o trenes y nunca ha tenido problemas en ese aspecto). Consigue no perderlo, su billete y a sentarse.

Le corresponde justo al lado de una simpática viejecita... igualita, igualita que la abuelita de Piolín y Silvestre. Pelo blanco recogido, vestida con blusa de flores y falda negra...que le llega justo debajo del pecho.

- Hola, buenas noches.

La abuelita la mira fijamente... se acerca a Wen arrugando su nariz y no le devuelve el saludo.

El autobús arranca. Empieza a sonar un tema en el bus.

"esa chica es mía... casi casi mía... está loca por mía, pero aún no se fía..."

La canción no la había oído nunca, no está mal... Wen piensa "otro italiano que intenta ganarse los duros aquí" con esa voz tan rasgada.

La abuelita la sigue mirando de reojo.

"Disimula y hace como que no ve cuando le digo: Eh, ¿a dónde vas tan sola?"

Wendeling no puede evitar sonreír ante la situación. Aunque se imagina que es lo que está oliendo la viejecita, le está molestando algo su comportamiento... porque cada vez que ella se vuelve a mirarla, la abuelita cambia su postura y mira por la ventana y cuando no la mira, la buena señora arruga su nariz y la huele.

Al final no se aguanta más.

- Es cava del bueno, señora.

Finalmente, le contesta:

- Tan joven y ya borracha a estas horas.

Al final, Wen determina no seguir conversación con su compañera de bus y se va a su libro, que seguro no le echará en cara ser una borracha.

Y hoy, me he tropezado con Sergio Dalma en televisión y no he podido evitar acordarme de esta anécdota. Ufff.... ¡Cuánto tiempo ha pasado ya!

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Wendeling, viernes 2 de diciembre de 2005, 22:55 | Enlace permanente | 3 comentarios
Memoria histórica
Las personas tenemos memoria selectiva. Olvidamos los malos momentos en cuanto llegan los buenos. Y no debería haber problema, siempre y cuando tengamos en cuenta que esos buenos momentos pueden escapársenos de las manos en cualquier instante.

Lo que ya no me gusta, es cuando las personas, no solo olvidan, sino que ni se preocupan de aprender esa memoria histórica, que pertenece a todos, como grupo o como humanos que somos.

Y si lo anterior no me gusta, lo que ya no entiendo, es como un chico de 18 años puede sentir nostalgia de tiempos pasados, desconociendo por completo todas las circunstancias y hechos que ocurrieron.

Si, tienes la suerte de vivir en esta tierra nuestra, con unas libertades políticas de las que no hubieras podido disponer hace 40 años. Así que por favor, ni se te ocurra echarme en cara las mías... porque yo respeto las tuyas.

No comprendo, como a los 18 años puedes defender, no a la derecha democrática (que puede adolecer de más o menos los mismos defectos, que la izquierda democrática)... sino a un régimen autoritario, que ponía a todos los hombre en su sitio (según tus palabras)... a hombres y mujeres (y no entro en feminismos, pero podría darte unas cuantas lecciones, niño). No comprendo como puedes, no solo respetar, sino anular a todas esas personas que pelearon por sus ideas... y lucharon para que tú pudieras tener las tuyas ahora... sin que te den una paliza por abrir la boca (aunque te aseguro, que me han dado ganas de bajarte los pantalones y no precisamente para apreciar tu precioso culo, sino para darte unos buenos azotes). Pero lo que ya ha conseguido marearme, de rabia e impotencia, es darme cuenta de tu desconocimiento por completo de nuestra historia reciente... esa historia que nos ha hecho como somos. De tu desprecio por las personas que respetan a los demás. De que hayas acusado a esta libertad nuestra, de dejar que cualquiera que demuestre un mínimo interés por aprender, pueda copar los puestos en las universidades... porque todo iba mejor cuando sólo los ricos podían pagarse sus estudios.

Te aseguro que soy por completo opuesta al uso de la violencia. Que prefiero que me den el hostión antes de provocar una trifulca. Pero has conseguido que me revuelva contra los que piensan como tú. Has tenido todas las facilidades desde tu nacimiento. No te ha faltado nada y mucho menos, cumplir todos tus caprichos... y lo único que se te ha ocurrido, es no aprender... desconocer a las personas que han dado su vida porque tú tuvieras lo mejor... y encima perder el tiempo.

Por favor, niño... aprende antes de dedicarte a dar mítines políticos, de sentir nostalgia de un tiempo y una época, que ni te has dignado estudiar. Y sobre todo... aprende de tus mayores y respeta al resto de la humanidad, que al igual que tú, tienen derecho a defender sus ideas... sean éstas cuales sean y sean del género (hombre o mujer) que sean.

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Wendeling, jueves 1 de diciembre de 2005, 19:19 | Enlace permanente | 2 comentarios