Wendeling siempre tuvo claro, desde niña, que ella no era inferior a los niños... que por no tener picha no era menos inteligente... y que si se lo proponía, podía hacer lo que quisiera... porque siempre supo que la fuerza bruta no mueve el mundo.
Así, que a Wendeling le encantaba jugar con muñecas, a papás y mamás, a pasear al bebé... le gustaba los recortables que le traían su abuela... y no era tan buena jugando a la goma, pero nadie la ganaba aguantando más en la comba y nunca quedaba la última jugando a la olla... pero no era raro ver a una Wen jugando con los niños, al futbol... en que los equipos no estaban formados por 11 jugadores, sino por más de 20 y en los que en numerosas ocasiones desaparecía el portero y había más de uno guardando la portería. Partidos de futbol que duraban horas y en el los jugadores no eran sustituidos, sino "desaparecían" conforme escuchaban los gritos de sus madres desde la ventana para ir a comer, o a merender y llegaba la hora de la cena y después volvían a aparecer... y seguían jugando como si nada hubiera pasado... partidos que seguramente terminaban a gritos, porque los dos partes contendientes reclamaban el gol número 27 como suyo... Ni tampoco tan raro verla jugar a las canicas tanto como a los cromos... o a las chinas... o a las chapas... o al pincho (juego peligroso donde los haya, sobre todo el día que Wen se atravesó el zapato con el "pincho" de hierro y suerte tuvo de que quedara entre el hueco que tiene su dedo gordo y el segundo, del pie derecho).
El mayor insulto que podrían decirle a Wendeling, era precisamente "niña"... aunque ella se sintiera orgullosa de ser mujer, pero no era una cobarde..... salvo para subirse a los árboles.
Nunca pudo, era algo superior a ella...
Llegó el día en que sus amigos descubrieron su fobia y como buenos niños crueles que eran, decidieron jugársela a Wendeling y demostrar que no era como ellos... era una "niña".... Y ese día decidieron ir a buscar nidos de pájaros.
Pidieron a Wen que los acompañara, sin saber exactamente qué era lo que querían y ella fue, al grito de... "eres una niña".
Y ese día Wendeling fue una niña... y fue incapaz de subirse a un árbol... y se rieron de ella y Wen lloró, procurando hacerlo sin que se dieran cuenta, orgullosa... pero era una niña.
Y cuando todos se fueron, por fin... Wendeling se quedó atrás y volvió a los árboles... a esos árboles que ella no había sido capaz de subir.
Y escogió uno, que a ella le pareció más fácil... y se demostró a si misma que era una niña capaz de subir a un arbol... y subió...
Y le gustó... y siguió subiendo.
Más alto... más....
Y de pronto se dio cuenta que esa rama se movía más de lo recomendable. Dejó de subir. Y se le ocurrió mirar al suelo.
¡Ay!.... le gustó subir, pero no le gustó estar tan alto... intentó bajar y el miedo ya se había apropiado de ella. El vértigo unido al movimiento de la rama agarrotaron sus manos y piernas... que no se movían de la rama... No se sintió capaz de bajar del árbol... Era una niña que sabía subir a los árboles, pero no bajarlos.
Decidió pedir ayuda, esperar a que pasara alguien y gritar.
Pero lo único que pasó por allí, era el tiempo... las horas... y ni una persona viva... o al menos eso le pareció a ella... que había pasado el día entero subida allí... y su imaginación se despertó.
Imaginó que nadie pasaba por allí, durante mucho tiempo... Y ella moría agarrada a esa rama, de sed y hambre... imaginó que años después encontrarían sus huesos, limpios por las alimañas y nunca sabrían quien había sido aquella niña que un día fue capaz de subir a un árbol y no bajar....
Y en esas estaba cuando pasó un vecino que Wen reconoció... lo llamó... al principio bajito, su voz no salía de la garganta... pero cuando descubrió que el hombre seguía su camino y no la escuchaba... soltó un buen grito, casi a punto de llorar.
- Pero Wen, chiquilla ¿qué haces ahí arriba?
- Desear estar ahí abajo - y ya no pudo reprimir sus lágrimas por más tiempo.
El vecino, tras soltar una carcajada, subió y ayudó a bajar, muy despacito, a Wendeling, herida en su orgullo.
De toda esta aventura sacó un buen puñado de arañazos en piernas, manos y brazos, pero al menos supo que era una niña que sabía subir a los árboles, aunque jamás volviera a intentarlo... menos mal que ninguno de los niños supo jamás que la habían ayudado a bajar... aunque también es cierto, que ella jamás contó (hasta ahora) que subió a un árbol.
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