María José tenía diecisiete años cuando descubrió que estaba embarazada. Habían pasado tantas cosas, que ni le importó cuando al principio lo sospechó y después lo confirmó con su segunda falta. No tenía dinero para comprarse un poco de nieve, así que mucho menos para gastárselo en un predictor.
María José llevaba muerta cuatro meses, desde el día en que la policía irrumpió en la pequeña habitación en la que vivía con "el Chiqui", su novio, en un corralón semiderruido en el barrio más deprimido de la ciudad. Se lo llevaron... ella gritó, le pegó unas cuantas patadas a la policía y al final también terminaron por llevársela a ella. No sirvió de nada, una noche en el calabozo de la policía y al día siguiente en la calle de nuevo, sin saber bien donde ir... terminó por volver al corralón.
Durante una temporada vivió del dinero que el Chiqui y ella habían conseguido con sus pequeños trapicheos, pero al parecer, esta vez iba más en serio y él no saldría tan pronto. Un par de meses después se había acabado el dinero y el dueño del cuartucho, intentó echarla a la calle, cuando no pudo pagar lo que pedía. Al final consiguió quedarse, ofreciéndose a él.
Cuatro meses muerta y dos de embarazo. El Chiqui la mataría de una paliza cuando se enterara. Ni siquiera se le pasó por la cabeza llamar a su padre, ya le había hecho demasiado y ni le abrían la puerta si se le ocurría visitarlo.
Llamó a Wendeling. Esa amiga del colegio que se sentaba a su lado. Esa amiga que conoció cuando repitió 6º de EGB por segunda vez. Esa amiga con la que compartió juegos y risas, esa amiga que la ayudó a aprobar el curso a base de pasarle los exámenes (solo la pillaron en una ocasión dejándose copiar y le costó un suspenso, pero a Wendeling no le importó). Esa amiga que se fue alejando de ella, cuando conoció a su novio, al Chiqui, dos años atrás. Esa amiga a la que había despreciado, con la que tuvo una pelea muy grande, cuando ella le dijo que no le gustaba El Chiqui ni los amigos con los que se movía. Pero María José sabía que Wendeling era la clase de persona que la ayudaría.
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Wendeling se sorprendió muchísimo, cuando aquella primavera recibió una llamada de María José. Hacía al menos dos años que no hablaba con ella, aunque sabía de su historia: Se había marchado de casa con quince años con el tipo aquel que estaba metido en historias feas. Y fue incapaz de dejarla en la estacada. Habló con su madre, no andaban ricos, pero tampoco les faltaba de comer (gracias al trabajo que había conseguido su madre), la conveció para que María José pasara unos días en casa, mientras encontraba sitio donde meterse.
Pero más se sorprendió Wendeling cuando vio aparecer a María José. Ya no era la chica risueña, dicharachera y revoltosa que había conocido cinco años atras. La chica rubita de pelo largo, con mofletes rojos y una insinuante buen figura.
María José era una mujer escuálida, de pelo de color indefinido y greñoso, de ojos muy hundidos, que movia las manos constantemente y casi no se le entendía al hablar. Pero a pesar de su sorpresa, se alegró de verla y la llevó a su casa.
Esa noche, después de un baño a conciencia, un corte de pelo gratuito ofrecido por la madre de Wendeling y una copiosa cena, durmieron juntas, como habían hecho años antes... rieron recordando días de colegio, chismorrearon sobre amigos y conocidos comunes. María José confesó su sospecha de embarazo a Wendeling y ésta le prometió ayudarla con el pequeño en lo que fuera. Poco antes de dormirse, ambas terminaron llorando, por todo un poco, por la vida que les había tocado vivir (el padre de Wendeling había muerto unos meses antes) y por el futuro de ese pequeño. María José le pidió dinero para perder al pequeño. Wen se negó, aparte de porque no tenía dinero, porque consideraba que ese niño merecía vivir.
Dos días después, María José desapareció de casa de Wendeling, junto con el televisor y algún dinero que tenían guardado.
Alguién la encontró esa noche, en un callejón, con una jeringuilla en el brazo.
María José llevaba muerta cuatro meses, aunque su corazón decidió decir basta aquel día.
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Hoy, Wendeling, en su habitual paseo dominical, ha pasado cerca del callejón en que encontraron a María José. Y ha recordado esa última noche que pasaron juntas. Durante años se ha preguntado si pudo haber hecho algo más por ella. Si todos hubieran podido haber hecho algo más por María José. La niña que sin conocerla, la aceptó con una sonrisa. La primera amiga que conoció al llegar a Málaga.
Dedicado a María José. 1966-1984.
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