El sr. Cordero
Noviembre 1988
A Wendeling le han ofrecido un trabajo como azafata de promociones, lleva un par de semanas sin trabajar en un congreso y se siente algo desesperada. Necesita ganar dinero, así que no ve mal las condiciones y acepta, solo serán 5 días y no muy lejos de casa, en Fuengirola.
Será su primer trabajo como degustadora y sus compañeras le advierten, la competencia es feroz y aunque es un producto alimenticio novedoso en España, las comisiones cuentan y pueden gastarle una buena novatada.
Se presenta en el establecimiento, no ha tenido problemas para encontrarlo. Y busca al encargado. Primer error, no puede entrar en la zona de venta sin estar autorizada (según le indica el guarda de seguridad).
- ¿Y donde consigo la autorización?
- Ve a las oficinas.
- ¿Dónde están?
Empieza a desesperarse, la tratan como si supiera como funcionan las cosas y ella es novata en este trabajo, después se enteró que este establecimiento tiene normas especiales, pero que la mayoría de las grandes superficies no son tan estrictas.
Consiguen las indicaciones y ya en las oficinas, la identifican y le dan su autorización para poder entrar en la sala de ventas. De vuelta al establecimiento, le enseña su tarjeta al guarda y éste le dice donde está la zona de alimentación.
Localiza el producto y tal como le habían dicho, todo está montado para que ella empiece con su nuevo trabajo.
Wendeling tiene un pellizquito en el estómago. Está acostumbrada a tratar con personas, pero es la primera vez que hace este tipo de trabajo y no sabe realmente si lo hará bien, aunque se esfuerza.
Las cosas comienzan a funcionar. Pasan las horas y ha conocido a varias compañeras. No parecen tan malas como le habían advertido y todo sigue rodando.
Perfecto. Parece que no va a tener problemas con este nuevo trabajo.
De improviso, escucha una voz a su derecha
- Señorita ¿quién es usted?
Wendeling se vuelve y encuentra a un hombre, no muy alto. Bueno, más bien bajito, porque la nariz del buen señor llega a la altura del pecho de Wen. Además, este personaje tiene el pelo rubio y muy rizado, más bien largo. Cuando uno lo mira, lo primero y casi único que ve es un buen cabezón de pelo. Está muy serio mirandola y con las manos a la espalda.
Wendeling se identifica como la degustadora del producto. El señor sigue muy serio mirándola y empieza a dar "saltitos" levantando y bajando los talones.
- ¿Sabe señorita quién soy yo?
En ese momento Wendeling recuerda la advertencia sobre las novatadas y cree que se la están dando. No es normal que una persona, sin conocerla absolutamente de nada, le hable de ese modo y tan serio. Segundo error.
- Pues no. No se quien es usted.
- Pues sepa que yo soy el Señor Cordero. Y a pesar de mi nombre, puedo ser muy duro.
Wendeling sonríe e intenta hacerse la graciosa. Definitivamente cree que es una novatada. Ya no hay duda. Tercer error.
- Con ese cabezón de pelo y esa forma de rugir, más que un cordero, parece usted un león... bueno, más bien un proyecto de leon, le falta crecer todavía un poquito más
Cuarto y último error.
El señor cordero deja de dar saltos, casi se le salen los ojos de las órbitas y empieza a ponerse rojo, mientras su volumen de voz va subiendo.
- Soy el encargado de alimentación, usted debería haberse presentado a mi antes de empezar a trabajar, porque no la conozco absolutamente de nada y no tengo referencias suyas. Acaba de conseguir que la vete de este establecimiento para siempre y si puedo, jamás volverá a trabajar en este ramo.
- Pues vaya, parece que si sabe rugir bien este leon (Wendeling sigue con lo que ella cree una novatada)
El sr. Cordero, da media vuelta y se marcha a lo que él cree grandes pasos.
Dos minutos después aparece el guarda de seguridad para indicar a Wendeling que le de su autorización y que se marche.
Wendeling ha pagado su primera novatada con una expulsión. Y por cierto, si volvió a trabajar en ese establecimiento, años después.
Además que todavía se sigue comentando por esos lares, la vez que una degustadora humilló al Sr. Cordero.
Nota: El Sr. Cordero es un simple encargado de sección, que se ha ganado el respeto de sus superiores a costa de humillar al personal que tiene al cargo.
Meses después de esta historia, Wendeling se enteró que despidieron al Sr. Cordero, por la denuncia que realizó Sanidad al establecimiento. En una inspección rutinaria encontró que se habían quitado las puertas de los vestuarios del personal femenino. La excusa de dicho personaje fue que así impedía que el personal se metiera en los servicios a fumar. No coló dicha excusa, porque solo había dado la orden en los vestuarios femeninos, respetando las puertas de los vestuarios de los chicos.
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