Hospital Materno-Infantil. Málaga, 28 de febrero de 1996.
Wendeling lleva ingresada varios meses, su embarazo es complicado y por ahora, le ha costado 4 meses metida en una cama en un hospital. Cuatro meses de incertidumbre y sobre todo, mucho miedo. Quiere a este bebé, ha cumplido a rajatabla todo lo que le han indicado los doctores. Tiene que vivir, esta niña tiene que vivir.
Hoy es fiesta, así que pasará el médico de guardia, un vistazo y hasta mañana. Será un día tranquilo... aunque si se pone a pensar, los tres últimos meses con contracciones a diario, no han sido nada tranquilos... pero sorprendentemente, las personas terminan a acostumbrarse a las situaciones más extrañas.
Son las 10 de la mañana y llega la matrona con el aparatito... monitores al canto: gomas en la tripota para medir el ritmo cardiaco y las contracciones de la matriz, es algo molesto, pero te quedas hipnotizada escuchando el corazón del peque latir. Le toma la tensión arterial y al ver la medición suelta un... "¡Ufff! ¿Te encuentras bien?"
- Si, ¿ocurre algo?
- Tienes esto algo altito, espera, aviso al doctor.
- Pues empiezo bien el día de fiesta.
Unos minutos después aparece el doctor de guardia, de nuevo toda la parafernalia, toma de tensión, vistazo a mi "pequeñito" historial de tropecientas páginas (claro, no es mi doctor habitual). Vistazo a las mediciones del monitor y nueva preguntas.
- ¿Cómo te encuentras?
- Pues bien
- ¿Sientes las contracciones?
- Más o menos desde las veinte semanas.
- Y ahora estás de...
- treinta y cinco.
- Bueno, pues entonces esta chiquita no tendrá problemas si sale hoy.
Sorpresa de las grandes.
- ¿Cómo?
- Tienes un subidón de tensión arterial y está afectando al feto. Por lo que veo, ha tenido tratamiento de maduración pulmonar y se ha desarrollado perfectamente. Hoy vas a conocer a tu hija.
- Pero... pero....
- No te preocupes, ahora mismo doy el aviso para que avisen a tu familia. (A la auxiliar que está con él) prepararla y a partos, hay que inducirselo.
ooOOoo
Hospital Materno-Infantil. Málaga, 28 de febrero de 1996. 19:00 horas.
Wendeling se siente cansada, muy cansada, practicamente no siente fuerzas para aguantar una contracción más. Horas antes decidió que no pensaba tener más hijos, esto duele una hartá y con dos partos tiene más que suficiente. Han estado muy pendiente de ella, aunque no se lo han dicho, sabe que hay algún problema con ella y tiene miedo que afecte a la niña... ojalá todo fuera más rápido, no soportaría que pasara igual que con Daniel. Su cabeza no lo aguantaría. De nuevo aparece una matrona a tomarle la tensión, lleva no se cuentas inyecciones en el suero de algo que la hace subir a una nube, pero sigue sintiendo las contracciones y está tan cansada.
- ¿Qué sale?
- No te preocupes, va bien. Tú trabajo es estar pendiente de las contracciones y hacer las respiraciones como te hemos enseñado, el resto lo controlamos nosotros. Lo estás haciendo muy bien, cariño (le moja los labios con una gasa humedecida) muy bien.
- ¿Cuánto me queda?
- Estás de 8 (cm) ya no queda nada.
Suena una alarma, el monitor, pasa algo con el bebé. Wendeling se asusta, intenta levantar la cabeza y ver que pasa, pero se marea, ocurre algo... ¡¡su bebé!!
La matrona mira las mediciones y sale corriendo, aparece un doctor y revisa las mediciones del aparato.
- ¿Cuánto le queda?
- dos cm.
El doctor la revisa personalmente.
- ¿Qué le pasa a mi niña doctor?
No le contesta, sigue hablando con la matrona.
- Al paritorio y vaquo, hay que sacarlo ya, es tarde para una cesárea... vaquo.
Wendeling no tiene fuerzas ni para llorar, quiere a su niña. Recuerda el resto como en un sueño. El paritorio, la gente alrededor, el tirón al sacar el bebé con el vaquo y el llanto de Estel.
De su niña.
Tiene una imagen grabada: Estel sobre su pecho, con el cordón todavía, unida a ella. Estel levanta su carita y la mira, con esos ojitos hinchados y tan rubia, tan preciosa.
Después duermen a Wendeling.
ooOOoo
Hospital Materno-Infantil. Málaga, 29 de febrero de 1996. 03:40 horas.
Wendeling está en la habitación, despertó hace un par de horas, preguntó por su bebé. Todo está bien, solo está a la espera que el neonatólogo de la autorización para subirsela. Al parecer ha estado toda su familia en la habitación, pero Wendeling no se ha enterado. Estaba dormida, le han puesto un tratamiento muy fuerte para bajarle la tensión arterial, tuvo picos muy, muy altos, según le han comentado y produjo una taquicardia muy grande al bebé, pero la niña está bien.
Wendeling se siente muy dolorida, tiene ganas de ducharse, de sentirse limpia, pero se ha mareado al intentar levantarse de la cama y la han regañado. "Cuando te encuentres mejor podrás ducharte, ahora tienes que descansar".
Sola en la cama, mirando la luna a través de la ventana, las nubes pasan por delante de ella "¿dónde está mi niña?"
- Mira, tengo un regalito para ti
Ha entrado una auxiliar y sobresalta a Wendeling, no la ha oido. Le da un bultito envuelto en una manta.
- Ahora te traigo la cuna.
Wendeling mira la carita de Estel, está dormida, esa carita que recuerda, esos ojitos hinchados, muy quieta. "¿Le pasa algo? parece que no respira". Wendeling no puede reprimirse y traquetea un poco a Estel, para ver si reacciona. La niña abre los ojos sobresaltada y gruñe un poquito, antes de volverse a dormir.
Ha valido la pena 8 meses metida en cama, pasar por amenazas de aborto y parto prematuro, por cientos de medicamentos, por 4 meses en un hospital, por llevar 3 meses unida a un gotero, por cientos de contracciones, por miedos, por hemorragias, por subidones de tensión, por todo.
Estel está bien y es preciosa.
