Pedida
Conversación escuchada en la puerta de un instituto, mientras espero a mi siguiente cliente que me ha citado ahí.

Hora: 11:15 de la mañana.
Día: jueves, 4 de marzo del año del señor (o de quien se adjudique el evento) 2010.
Conversadores: Profesor, adulto, unos 40-45 años y alumna, adolescente, como mucho 15 años de edad.

- ¡Yaiza! ¡Estás perdida! ¿qué te ha pasado estos días que no has ido a clase?

- Es que me he ido a mi Tierra unos días.

- ¿Marruecos?

- Si. Volví ayer.

- ¿Y qué tal la experiencia?

- Estoy pedida.

- ¿Qué? - el profesor enfatiza mucho esa pregunta.

- Que me han pedido. Cuando vuelva, quizás me case.

- ¿Tú quieres? ¿Lo conoces?

- Si, desde que era niña. Mi familia ha dicho que si.

- Pero a ver.... ¿No has aprendido algo aquí?

- Claro.

- ¿No te he enseñado que siempre hay opción? ¿Qué eres tú quien eliges?

- Mi familia ha dicho que si.

- Bueno, si quieres hablar, sabes dónde encontrarme... Te puedo presentar a alguien...

La chica lo deja casi con la palabra en la boca.

- Bueno, no está mal, es mayor pero al menos lo conozco.

Y entra en el instituto cabizbaja. El profesor la observa alejarse y murmura un "¡Qué pena!" que yo escucho.




Nota: No pretendo escandalizar, frivolizar ni nada por el estilo. Sólo os dejo la conversación y mi desasosiego al escucharla. Mi hija tiene esa edad y no hace tantos años ocurría eso mismo en nuestra tierra...

Etiquetas:

 
Wendeling, jueves 4 de marzo de 2010, 19:17 | Enlace permanente | 5 comentarios
Un toque de atención
He recibido un toque de atención desde casa... bueno, especificando, desde el otro lado de la cama... por llevar tanto tiempo sin actualizar.

No tengo disculpa.

Un mes sin escribir, nunca me había pasado.

Y ahora me cuesta volver a coger el ritmo...

Podría decir en mi descargo que entre trabajo, la recuperación de la operación de mi madre, cuidar a las leonas, llenarme de sentir (ejemmm....) de el gatito... no me he dado cuenta del paso del tiempo, pero sería mentira. Sabía que pasaban los días, tenía ideas para escribir, me ponía delante de la pantalla... y me costaba escribir en un ordenador que no es el mío.

Absurdo, lo sé.

Pero no me siento a gusto sintiendo como me leen por encima del hombro (léase mi madre quejándose de que pierdo el tiempo "jugando" con el ordenador; léase alguna de las leonas quejándose que ocupo el ordenador cuando ellas quieren cogerlo; léase miedos varios tontos).

Quiero, necesito, mi rincón para escribir; que no me llamen la atención; no estar pendiente de peleas de adolescentes tontas o de si me necesitan. Necesito dejar un post a medio escribir durante horas y después retomarlo justo cuando me llega la inspiración y sin tener que quitar a nadie de mi rincón.

Y no me preocupa perder eso, mi rincón de escribir, si lo cambio por lo que tengo ahora mismo. Por ver una sonrisa en los ojos al mirarme, por un abrazo al dormir, por "te quiero" cuando lo necesito, por una mano agarrado a la mía.

Así que quizás vuelva a tardar en subir un post al blog, pero no me voy sin despedirme, solo ando más lenta al escribir.

Etiquetas:

 
Wendeling, sábado 27 de febrero de 2010, 18:53 | Enlace permanente | 4 comentarios
"Traición" de Scott Westerfeld
Traición llegó a mis manos por culpa de mi hija pequeña. Le llamó la atención la cara que aparecía en la portada y la sipnosis de la contraportada. Como soy una madre débil que siempre cede a los caprichos literarios de mis hijas, opté por regalárselo.

Craso error conociéndola.

Ella leyó la primera página y abandonó el libro.

Pero yo siento debilidad por los libros que otras personas abandonan y olvidan. Siempre doy oportunidades porque me gusta decidir por mi misma y así he descubierto pequeñas joyas. Traición puede llegar a convertirse en una de ellas. Por de pronto ha ganado veintidós premios literarios. Ha vendido 2 millones de copias en USA (40.000 más o menos en nuestro país) y la 20th Century Fox espera realizar una película el próximo año.

Entiendo la reacción de mi hija pequeña, porque las primeras frases del libro no es que sean muy atractivas visualmente:

“El cielo de principios de verano tenía el color rosa del vómito de gato.
Por supuesto, pensó Tally, para que los tonos rosados fueran los adecuados habría que darle al gato durante un tiempo sólo comida para gatos con sabor a salmón. Lo cierto es que las nubes, que se deslizan a velocidad vertiginosa, parecían peces por efecto del viento que les dibujaba escamas…”


Pero enseguida uno es capaz de involucrarse en ese mundo futuro de Tally, un futuro tan cercano que prácticamente rozas con las manos y que no crees imposible por mucho horror que sientas al descubrirlo.

¿Quién sería capaz de rechazar una operación estética que te ofrece los dirigentes de tu ciudad gratuitamente a todos sus ciudadanos al cumplir los 16 años? Los adolescentes esperan impacientes su cumpleaños dieciseisavo en que repararán sus defectos físicos y les dejaran vivir en “Nueva Belleza”, donde siempre hay fiestas y diversiones para todos.

Tally Youngblood cuenta los días para su cumpleaños, imaginándose constantemente cuando sea una perfecta después de su operación: ojos grandes y labios gruesos como los de un niño, piel suave y clara, rasgos simétricos, altura, color de pelo, sin cicatrices físicas,… Durante esa espera conoce a otra chica que casualmente cumple el mismo día que ella, Shay, que se convierte en su mejor amiga.

El día del cumpleaños se acerca, Tally y Shay discuten cuando la última le cuenta que no quiere convertirse en perfecta, que va a escapar y unirse a un grupo de imperfectos que viven a espaldas de la ley, en un lugar llamado “El humo”. Allí viven los insurrectos, los contrarios a la ley que impone la perfección del cuerpo.

Tally se enfrenta de nuevo sola a su próxima operación. Llega el día, todo preparado, ilusionada, por fin será una mujer guapa y perfecta y vivirá en “Nueva Belleza” y acudirá a fiestas, como todos los nuevos perfectos adolescentes… Pero no. Aparece la policía que la descubre como amiga de Shay, la última chica que ha desaparecido y le impone una condición a Tally para poder operarse: tiene que traicionar a su amiga y contarles todo lo que sepa sobre “El humo” y los insurrectos.

¿Será capaz de traicionarla por ser perfecta? Y tú, ¿traicionarías a tus amigos por conseguir lo que más deseas en la vida?

Empieza la aventura. Y aunque por momentos me recuerda constantemente a “La fuga de Logan” de William F. Nolan y George Clayton Johnson, no deja de tener su originalidad, acción y credibilidad en ese mundo de guapos al que posiblemente nos dirigimos.

Y también comienza mi bombardeo constante para que mi hija pequeña, esa misma que hizo que comprara y me introdujera en el mundo de guapos de Scott Westerfeld, lea por fin esta pequeña joya juvenil, en el que belleza y perfección física no significa precisamente el objetivo final a conseguir.




Scott Westerfeld, autor de Traición, nace en Texas (Estados Unidos) en 1963, aunque ha transcurrido su vida entre Nueva York y Sidney. Casado con una escritoria australiana, Justine Larbalestier, desde 2001. No solo es conocido como escritor, sino también como compositor de música de danza moderna. Licenciado en filosofía ha trabajado también como negro de distintas editoriales y creado software educativo para niños. En mi casa lo calificarían como hombre multiusos… bromas aparte.



Traición ( publicada en España en 2008) es el primer libro de la saga literaria continuada con Perfección (del 2009) y Especiales (previsto para marzo del 2010). La saga finaliza con la obra Extras, situada en el mismo futuro, pero con distintos protagonistas.

Etiquetas:

 
Wendeling, lunes 1 de febrero de 2010, 20:30 | Enlace permanente | 8 comentarios
La historia se repite
Nunca he hecho mucho caso cuando alguien ha comentado: "la vida es cíclica, solo repetimos el mismo círculo". Pero esta semana he sentido que dos años no habían pasado, que todo se repetía cuando han vuelto a ingresar a mi madre en el hospital para realizarle otra operación en su rodilla... bueno, en su otra rodilla.

Hace veintiseis meses ocurría esto:

Madre sólo hay una

Una llamada de teléfono.

Un ingreso hospitalario.

Una operación.

Una espera.

Nervios en la espera.

Más nervios en la larguísima espera.

Mucha tila.

Comerme las uñas cuando hace más de treinta y cinco años que dejé de hacerlo.

Repasar todos los periódicos gratuitos habidos y por haber... todos dicen lo mismo.

Una conversación con la cirujano.

Todo bien.

Más espera.

Muchos paseos por el larguísimo pasillo... contanto las losas de distinto color del suelo.

Una habitación de enfermería empapelada, literalmente, en imágenes, poster y fotos de George Clooney.

Comida de hospital.

Enfermos ingresados, pijama de verano y botellita de suero incluido, en la calle, a las once de la noche, fumando espero... (que aunque en Málaga haga muy buena temperatura, estamos a finales de octubre).

Mala educación y agresividad en enfermos y visitantes que fuman dentro del recinto hospitalario, en pasillos y salas de espera.

Buen trato del personal.

Noche pasada en un sillón viejo y lleno de bultos y con la mano de mi madre en la mía.

Cachondeo de cierto ATS con mi madre con respecto a cierta braga que ha quedado enganchada en el vendaje.

Algunas risas.

Quejidos disimulados.

Alguna cabezada y como consecuencia de ella, dolor de cuello durante todo el día.

Tricotar un vestido para Estel.

Vuelta a casa durante unas horas, para asearme un poco, ver a las pequeñas y en breves instantes, volver con ella.

Y aunque jamás he echado en falta pertenecer a una familia más grande, en este momento agradecería de manera infinita, disponer de más ayuda... porque madre solo hay una, aunque ciertas personas olviden todo lo que ella ha dado por ellos.

Nota: y todos estos días sin trabajar, pasarán factura en esa nómina misérrima que cobraré, pero como ya he dicho antes, solo devuelvo la mínima parte de todo lo que ella ha dado por mi.






Y esta semana la historia ha sido practicamente igual... aunque la rodilla no era la misma ni el equipo médico, ni el hospital. Pero los nervios igualitos. El resultado de su operación de libro (según su cirujano). El dolor de cuello y espalda por dormir en un sillón de un hospital, idem.

No ha habido habitación empapelada de Georges Clooneys... pero si chiste con la enfermera y una braguita; mi madre no cambia, camino del quirójano e intentando ligar... aunque lo mejor ha sido a la vuelta cuando la misma enfermera le ha preguntado como se encontraba y su respuesta:

- Pues hasta dentro de unas semanas no sabré si estoy embarazada o no, pero claro, con tanto hombre guapo viéndome sin bragas...

Definitivamente, mi madre no tiene remedio.

Y la quiero.

Etiquetas:

 
Wendeling, sábado 16 de enero de 2010, 19:44 | Enlace permanente | 9 comentarios
Año nuevo, vida nueva o la antigüa reinventada
Año nuevo, vida nueva.

O la antigüa reinventada. Porque estoy viviendo unas navidades familiares, en toda la extensión de la palabra.

Y feliz por ello.

Eso si, en la lotería de Navidad, a pesar de ser el año en que más he jugado... bueno, hemos (tengo que acostumbrarme a volver a hablar en plural), nada de nada.

De salud, mal, gracias. Al menos ando de pruebas y repruebas para al final confirmar que los años siguen pasando. Tuve un bajón depresivo importante el día que mi doctor me habló de menopausia precoz... y la sensación de dejar de ser una mujer completa.

Absurdo, lo sé.

Pero queda ese pellizquito en el estómago. Un sueño, no que se rompe, sino que se esfuma. No podré volver a ser madre de nuevo junto a la persona que amo.

Por cierto, es la primera Navidad en que pierdo peso... ¿será el amor?

El trabajo, como hasta ahora, mal pagado. Pero al menos sigo teniendo.

Las leonas, volviéndome un poquito loca con sus cambios hormonales y de humor. Pero orgullosa de ellas, que le vamos a hacer, soy su madre.

El gatito, mimoso, como me gusta y me hace feliz.

Las dos gatas de casa, ignorándose hasta que se descubren y terminen a guantazo limpio, con bufidos incluidos. Espero que algún día les de por descubrir que haciéndose mimos se vive mejor. Eso si, ahora hacen mucho más ejercicio y no se dedican todo el día y dejar vacío su platito de comida.

Pero esta noche llegan los Reyes Majos... esos reyes que alguien me enseñó a creer en ellos hace unos años, cinco ya en concreto. Y como he sido buena (chissss.... tú, si tú, no cuentes lo que ya sabes) espero recibir regalos.

Bien pensado, a avariciosa no me gana nadie, que también he recibido regalos para Navidad... ejem...

Así que feliz día de Reyes para todos y que os traigan muchos regalitos... de esos no físicos, que son los más importantes.



Nota: hace una semana escribí un post que se perdió en el limbo de las des-conexiones. Días después y con nuevo dispositivo wireless, espero que a éste no le ocurra lo mismo. Cruzando dedos.

Etiquetas: ,

 
Wendeling, martes 5 de enero de 2010, 17:19 | Enlace permanente | 6 comentarios